La Industria Licorera de Caldas recibió por primera vez el Premio Mercurio de Oro, un gesto que confirma un año excepcional para la empresa. El reconocimiento de Fenalco Caldas celebra la fuerza creativa, el impacto regional y la calidad que sostienen su legado casi centenario.


La Industria Licorera de Caldas (ILC) obtuvo el Mercurio de Oro, el máximo galardón de Fenalco Caldas, en un momento en que la empresa vive un ciclo irrepetible: 2025 se consolida como el mejor año de toda su historia. El reconocimiento no solo exalta resultados; también reconoce una cultura de innovación, un músculo humano fortalecido y un compromiso que ha sabido mantenerse firme a lo largo de casi 120 años.
🏆 Hay distinciones que llegan en silencio y otras que retumban como un eco regional.
El Mercurio de Oro pertenece a la segunda categoría. Es un premio que no solo se entrega: se reconoce, se percibe y se siente. Por eso, cuando Fenalco Caldas anunció que la Industria Licorera de Caldas recibía por primera vez este galardón, la noticia tuvo la textura de un hito y el peso simbólico de una historia que se renueva. En la ceremonia oficial, el gerente general, Diego Angelillis Quiceno, recibió la estatuilla con esa mezcla justa de orgullo y responsabilidad que acompaña a quienes saben que están escribiendo un capítulo decisivo.
La mención “mejor año en la historia de la empresa” podría sonar exagerada en otra organización. En la ILC, no. Angelillis Quiceno lo dijo con total claridad: “2025 es el mejor año en la historia de nuestra empresa en sus cerca de 120 años de historia”. La frase, dicha frente al gremio de comerciantes que más impulsa al departamento, tenía algo de celebración y algo de testimonio. Si un siglo de trayectoria enseña algo, es que los grandes resultados nunca llegan por azar.
La entrega del Mercurio de Oro no solo reconoce cifras o crecimiento; premia una forma de hacer las cosas. Fenalco Caldas evalúa factores que van mucho más allá del rendimiento económico: innovación, responsabilidad social, creatividad, impacto en la región, compromiso con la calidad. Y la ILC, en este ciclo de modernización e impulso estratégico, ha conseguido alinear todas esas dimensiones con una precisión que pocas veces se logra en empresas con tanta historia a cuestas.
Mientras el gerente subía al escenario, era evidente que la distinción hablaba tanto del presente como del legado. Durante años, la ILC ha sido una de las columnas económicas de Caldas. Su aporte en generación de empleo, sus transferencias al departamento, su presencia cultural en celebraciones y su papel en la identidad regional son parte de la memoria colectiva. Pero este premio resalta que la empresa no se quedó anclada en su propio mito: se reinventó, sin romper la raíz.
Angelillis Quiceno lo dejó claro en su primer mensaje público al recibir el reconocimiento:
“En nombre de la Industria Licorera de Caldas y su equipo directivo y de colaboradores, recibo con profundo honor y gratitud el premio Mercurio de Oro otorgado por Fenalco Caldas”.
No era una cortesía institucional: era el reconocimiento explícito de que este logro es, ante todo, fruto de un equipo que supo adaptarse, aprender y sostener un rendimiento extraordinario en un entorno competitivo cada vez más exigente.
La ILC viene fortaleciendo su portafolio de productos, afinando procesos internos, expandiendo su capacidad comercial y, sobre todo, potenciando su estrategia de crecimiento internacional. No es casualidad que en un año considerado “el mejor de su historia”, la empresa esté mirando hacia afuera con tanta claridad. La región reconoce lo que tiene; el mundo comienza a mirar con más interés.
El gerente también destacó la importancia de los aliados estratégicos.
“Agradecemos profundamente a Fenalco Caldas, que ha sido un aliado fundamental del progreso regional”, afirmó.
En un departamento donde la economía depende de la articulación entre sectores, esa frase tiene la resonancia de un compromiso colectivo.
El mercurio es un metal que se mueve, fluye, se adapta sin romperse. Que el premio lleve ese nombre no es casualidad. Representa dinamismo. La ILC, en su historia reciente, ha encarnado exactamente eso: un movimiento disciplinado hacia la excelencia.
Con casi 120 años de historia, la institución ha sobrevivido a transformaciones políticas, económicas, culturales y tecnológicas. En cada una de esas etapas, se ha reinventado sin olvidar su esencia. El Mercurio de Oro, entonces, no solo es un premio: es un espejo que mira hacia atrás y hacia adelante al mismo tiempo.
Durante la ceremonia, el reconocimiento tomó un tono profundamente simbólico cuando el gerente proyectó el impacto futuro del premio:
“Este Mercurio de Oro es un homenaje al talento caldense y nos motiva a superar el reto de hacer sostenibles en el tiempo los excelentes resultados alcanzados y a consolidar la expansión internacional de la ILC”.
En esa frase caben tres ejes centrales del presente de la empresa: la gente, los resultados y el futuro.
La gente: porque el talento caldense no es un eslogan; es una fuerza real que sostiene procesos productivos, creativos y organizacionales.
Los resultados: porque llegar a un récord histórico implica disciplina, visión y capacidad técnica.
El futuro: porque la expansión internacional no es una posibilidad, sino una realidad en construcción.
Fenalco, por su parte, no entrega este premio a la ligera. El Mercurio de Oro distingue a las empresas que se convierten en faro en su sector y en motor para el territorio. La ILC, con su crecimiento sólido, su portafolio consolidado y su apuesta por la innovación, cumplió todos esos criterios. Y lo hizo en un contexto en el que la modernización empresarial es casi una necesidad de supervivencia.
En el fondo, este reconocimiento confirma algo que muchos caldenses saben intuitivamente: la ILC no es solo una fábrica de licores. Es una institución cultural. Es economía, pero también identidad. Es industria, pero también símbolo. Cuando sus productos salen del departamento, viajan también las montañas, la tradición y esa mezcla de carácter y sutileza que define a la región.
La empresa, además, ha avanzado en prácticas de responsabilidad social y sostenibilidad que fortalecen su imagen pública y su impacto real en las comunidades. No es solo producir más: es producir mejor, producir con sentido y producir con visión de futuro.
El premio llega justo cuando el Plan Estratégico ha tomado forma y dirección. La expansión internacional, mencionada por el gerente, permite entender que este reconocimiento no cierra un ciclo: lo abre. Marca un punto de partida más que un punto final. El Mercurio de Oro es, en esencia, una confirmación: la ILC está lista para jugar en otra liga sin perder la camiseta de Caldas.
La historia empresarial del departamento está hecha de ciclos que se recuerdan por décadas. Este, sin duda, será uno de ellos. No por el premio en sí, sino por lo que representa: la madurez de una empresa que entendió cómo transformarse sin renunciar a sus raíces.
Al final, la entrega del Mercurio de Oro deja una imagen que respira: una licorera centenaria mirando hacia adelante, un equipo humano celebrando un logro compartido y una región entera viendo reflejado en ese galardón un pedazo de su propio orgullo. Porque cuando una institución como la ILC alcanza un año histórico, el eco no se queda dentro de sus paredes: se expande por el territorio, se cuela en las conversaciones locales y se convierte en parte del relato colectivo.
La Trayectoria Ascendente de la Industria Licorera de Caldas: Cómo el Premio Mercurio de Oro Reconfigura su Rol Estratégico en la Región y en el Mercado Internacional
El reciente otorgamiento del Premio Mercurio de Oro a la Industria Licorera de Caldas (ILC) no es un gesto retórico ni un aplauso localista. Es, en rigor, la validación de un proceso estructural que ha reposicionado a la licorera —a sus 120 años— no solo como un ícono comercial, sino como un actor determinante en la economía política del desarrollo regional, en la innovación empresarial del país y en la nueva diplomacia económica de los productos premium latinoamericanos.
Fenalco Caldas no premió aquí la inercia de una institución pública antigua, sino el resultado tangible de un ciclo de gestión que el gerente general Diego Angelillis Quiceno sintetizó con una frase que ya circula como marca:
“Este es el mejor año en la historia de nuestra empresa en cerca de 120 años.”
Que un directivo lo diga es normal; que los datos lo confirmen es excepcional:
- Crecimiento del 33.9% en ventas frente a 2024,
- Apertura de nuevos mercados nacionales e internacionales,
- “Cifras históricas” reconocidas por la Gobernación de Caldas,
- Calificación AA-(col) de Fitch Ratings,
- Y premios externos como “Empresa Líder en Innovación” (Universidad Simón Bolívar).
Este conjunto de indicadores explica por qué el Mercurio de Oro no es un premio de coyuntura, sino un hito que cristaliza una transformación de fondo. Y es justo ese entramado—histórico, estratégico, económico y simbólico—el que permite leer el galardón como un punto de inflexión para la empresa y para Caldas.
I. El Mercurio de Oro: un barómetro de liderazgo regional y madurez corporativa
A diferencia de otros reconocimientos sectoriales, el Premio Mercurio de Oro posee una naturaleza transversal: identifica empresas que, más allá de su tamaño, han logrado integrar innovación, responsabilidad social, creatividad y excelencia.
Es decir, empresas que encarnan el tipo de tejido productivo que una región necesita para sostener competitividad en el siglo XXI.
Fenalco Caldas, como federación que observa y acompaña el pulso del comercio y la industria regional, no premia únicamente resultados financieros. Premia modelos empresariales que son plataforma de desarrollo, y en esa lógica el premio funciona como una lectura de futuro, no de pasado.
Que la ILC reciba por primera vez esta distinción en la “Noche de los Mejores” tiene tres implicaciones:
1. Reconoce una transformación institucional interna
La ILC pasó de ser un monopolio departamental tradicional a una empresa innovadora, tecnificada y con estándares internacionales.
El pilar de la innovación no se refiere solo al diseño de productos o empaques, sino a la modernización de procesos, la eficiencia operativa, la digitalización y la diversificación estratégica.
2. Valida un modelo de responsabilidad social medible
Como empresa pública —o de propiedad pública— su desempeño tiene impacto directo en las finanzas del departamento.
La licorera es uno de los principales aportantes a programas sociales, salud, deporte y cultura. Premiarla es reconocer que su buen desempeño tiene efectos colectivos amplificados.
3. Reconoce una visión de marca y creatividad contemporánea
En un mercado global saturado, una marca centenaria que mantiene vigencia es una marca que entiende comunicación, diseño, narrativas y experiencias.
Ron Viejo de Caldas, en particular, se ha reposicionado como un ron premium colombiano con relato y con estética.
II. Una empresa con 120 años de historia que está viviendo su mejor momento
Entre 1905 y 2025, la Industria Licorera de Caldas ha sobrevivido incendios, crisis económicas, guerras, reformas institucionales y una competencia cada vez más agresiva. Su longevidad no es un accidente:
es el fruto de una conjunción de tradición, calidad y un sistema productivo altamente especializado —desde la selección de caña hasta el dominio de la técnica de añejamiento.
Pero lo extraordinario de este momento es que no es un auge nostálgico.
Es un auge basado en gestión moderna.
Crecimiento financiero sin precedentes
Los informes de la Gobernación de Caldas indican que la empresa vive un ciclo de rendimiento excepcional:
- Incremento del 33.9% en ventas,
- Superación de metas comerciales,
- Consolidación de liderazgo en rones premium,
- Impacto directo en los ingresos del departamento.
En un país donde muchas empresas públicas luchan por mantenerse competitivas, la ILC ha logrado lo contrario: convertirse en un caso de excelencia gerencial.
Reconocimientos externos que validan capacidad técnica y reputación
- Fitch Ratings reafirma su calificación AA-(col), un indicador clave para inversionistas.
- La Universidad Simón Bolívar le otorga el premio a “Empresa Líder en Innovación”.
- Y sus marcas se posicionan cada vez mejor en mercados internacionales.
No es común que una empresa pública reciba simultáneamente premios de innovación, reconocimientos de gremios privados y calificaciones crediticias favorables. Esa combinación explica por qué el Mercurio de Oro llega en este punto exacto del ciclo: es un sello de madurez institucional.
III. Por qué este premio importa para el futuro (más que para el pasado)
El Mercurio de Oro tiene un valor simbólico hacia dentro y un valor estratégico hacia afuera.
1. Hacia el interior: cohesión, cultura y visión compartida
La frase del gerente —“un homenaje al talento caldense”— no es retórica.
La ILC depende de un ecosistema humano altamente especializado: maestros roneros, técnicos de laboratorio, operarios, mercadólogos, ingenieros, distribuidores.
Un premio gremial de este calibre es un refuerzo psicológico y cultural profundo:
la gente siente que está trabajando en una empresa que avanza y que trasciende.
2. Hacia el exterior: reputación que abre mercados
En comercio internacional, la reputación es un activo.
Distribuidores, importadores y socios no solo analizan producto, precio y logística: analizan estabilidad institucional, especialmente cuando se negocia con empresas públicas.
El Mercurio de Oro, sumado a la calificación de Fitch, crea un mensaje claro:
la ILC es una empresa seria, estable y gestionada bajo criterios de excelencia.
Y esa imagen es decisiva cuando una empresa busca crecer en:
- Estados Unidos,
- Europa,
- Asia,
- Y mercados latinoamericanos con cultura ronera competitiva.
3. Proyección de un modelo de gobernanza pública eficiente
El caso de la ILC se ha convertido, implícitamente, en un ejemplo de política industrial regional:
una empresa estatal que no solo es rentable, sino innovadora, sostenible y global.
En un país donde el debate sobre lo público suele polarizarse, la ILC demuestra que lo público puede competir al nivel de lo privado, siempre que haya visión y gestión técnica.
IV. El premio como acelerador de su agenda estratégica: expansión global y sostenibilidad
El crecimiento actual de la ILC no es un pico; es un proyecto.
Y el premio potencia tres líneas estratégicas:
1. Expansión internacional
La empresa está entrando en mercados que exigen certificaciones, reputación y consistencia.
El Mercurio de Oro funciona como un “sello de origen” que legitima su presencia global.
2. Innovación continua
Para sostener los resultados actuales, la ILC debe seguir invirtiendo en:
- Nuevos productos,
- Procesos más eficientes,
- Reducción del impacto ambiental,
- Empaques y experiencias contemporáneas.
El premio refuerza internamente esta necesidad:
innovar no es un lujo, es un deber para mantener liderazgo.
3. Sostenibilidad como eje del modelo de negocio
La gestión del agua —vital para la industria– ya no es un tema operativo, sino estratégico.
Una empresa que recibe premios por responsabilidad social debe actuar con estándares más altos.
Así, el reconocimiento funciona como presión positiva.
Un hito que resignifica el pasado, explica el presente y proyecta el futuro
El Premio Mercurio de Oro sintetiza una transformación mayor: la ILC pasó de ser un símbolo histórico a convertirse en un actor contemporáneo del desarrollo regional, con proyección internacional, solvencia financiera, cultura innovadora y un compromiso medible con la calidad y la sostenibilidad.
El premio no celebra una tradición; celebra una transición.
Una transición hacia un modelo empresarial que aporta riqueza, identidad, empleo, marca territorial y competitividad global.
Y, sobre todo, confirma que la Industria Licorera de Caldas no está viviendo un buen año:
está inaugurando una nueva era.



