La captura de Nicolás Maduro y el punto de quiebre del orden internacional

La detención del mandatario venezolano por EE. UU. abre un debate global sobre soberanía, legalidad internacional y precedentes geopolíticos.

La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 en Venezuela, ejecutada por fuerzas estadounidenses, busca llevarlo ante la justicia federal en Nueva York por cargos de narcotráfico, según Washington, mediante una operación militar secreta que ya genera fuertes reacciones políticas, legales y diplomáticas en América Latina y el mundo.


En la madrugada del 3 de enero de 2026, una operación militar estadounidense ejecutada en territorio venezolano alteró de forma abrupta el tablero político regional y global. La captura del presidente Nicolás Maduro Moros por fuerzas de Estados Unidos —confirmada horas después por la Casa Blanca y relatada en detalle por el presidente Donald Trump en una entrevista televisiva— abrió un episodio sin precedentes recientes en la historia contemporánea de América Latina. Más allá del impacto inmediato, el hecho plantea interrogantes de fondo sobre soberanía, legalidad internacional, uso de la fuerza, precedentes geopolíticos y el futuro institucional de Venezuela.

La escena, descrita por el propio Trump como una operación de “precisión total”, fue presentada como el resultado de meses de inteligencia, planificación y espera estratégica. Según su relato, la incursión se activó solo cuando las condiciones climáticas y operativas fueron consideradas óptimas. Más de un centenar de aeronaves, unidades de élite y un sistema de monitoreo en tiempo real habrían participado en una maniobra destinada exclusivamente a capturar al jefe de Estado venezolano y trasladarlo fuera del país sin bajas estadounidenses. La operación fue exitosa en su objetivo central: Maduro fue detenido y conducido primero a una nave militar y luego a territorio estadounidense, donde enfrenta cargos federales.

Sin embargo, el impacto de este episodio no se mide únicamente por su eficacia operativa. Su verdadera dimensión emerge al analizar las consecuencias jurídicas, políticas y simbólicas que se desprenden de la captura de un presidente en ejercicio por fuerzas extranjeras, sin mediación multilateral ni autorización explícita de organismos internacionales.

Un acto militar con implicaciones políticas profundas

Desde la perspectiva de Washington, la operación fue presentada como una acción necesaria dentro de la lucha contra el narcotráfico transnacional. Trump sostuvo que Maduro encabezaba una estructura estatal vinculada al tráfico de drogas y a organizaciones criminales que, según su versión, afectaban directamente la seguridad interna de Estados Unidos. En ese marco, la captura fue justificada como un acto de autodefensa ampliada, similar a operaciones pasadas contra líderes considerados amenazas directas.

Este razonamiento se apoya en acusaciones judiciales formuladas en cortes estadounidenses desde años anteriores, que señalaban a Maduro y a altos funcionarios de su gobierno como participantes de redes de narcotráfico. La novedad no fue la acusación, sino la decisión de ejecutar una acción militar directa para hacerla efectiva. El traslado del mandatario venezolano a Nueva York, donde enfrenta un proceso penal, marca una diferencia sustancial respecto de otros episodios de presión diplomática, sanciones económicas o aislamiento político.

Para sus defensores, la operación representa la aplicación de la ley frente a un liderazgo que, sostienen, había erosionado por completo el orden democrático y transformado al Estado venezolano en una plataforma criminal. Para sus críticos, constituye una ruptura grave del principio de soberanía y un precedente que debilita el sistema internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial.

La legalidad en disputa

Uno de los ejes centrales del debate es el marco legal que sustenta la operación. La administración estadounidense ha recurrido a precedentes históricos, en particular la captura del general Manuel Noriega en Panamá en 1989, para argumentar que existe base jurídica para detener a un jefe de Estado acusado de delitos graves contra Estados Unidos. No obstante, el contexto internacional ha cambiado sustancialmente desde entonces.

La Carta de las Naciones Unidas establece de manera explícita la prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, salvo en casos de legítima defensa o con autorización del Consejo de Seguridad. En este caso, no existió una resolución internacional que avalara la intervención, ni un conflicto armado declarado entre ambos países.

Desde el Congreso estadounidense surgieron cuestionamientos inmediatos. Legisladores de la oposición señalaron que la acción no contó con autorización legislativa previa, lo que reavivó el debate sobre los límites del poder ejecutivo en materia de uso de la fuerza. Otros defendieron que la naturaleza secreta y urgente de la operación hacía inviable un proceso de consulta tradicional.

En el ámbito internacional, la reacción fue mayoritariamente crítica. Gobiernos aliados de Venezuela calificaron la captura como un secuestro y una violación del derecho internacional. Incluso actores que han sido críticos del gobierno de Maduro expresaron preocupación por el precedente que sienta la acción, temiendo que normalice el uso unilateral de la fuerza como mecanismo de resolución política.

Reacciones dentro y fuera de Venezuela

En Venezuela, el impacto fue inmediato pero heterogéneo. Sectores opositores celebraron la salida de Maduro como el fin de una etapa marcada por la crisis económica, la migración masiva y el deterioro institucional. Al mismo tiempo, se registraron escenas de incertidumbre, con ciudadanos acudiendo a mercados y estaciones de servicio ante el temor de desabastecimiento o disturbios.

Las autoridades que permanecen en el país denunciaron la acción como ilegal y reclamaron el reconocimiento de Maduro como presidente legítimo. La ausencia de una figura de poder clara generó un vacío institucional que aún no ha sido resuelto. Aunque líderes opositores reclamaron una transición inmediata, no se ha consolidado un consenso interno sobre quién debe asumir la conducción del país.

En la región, las reacciones reflejaron la fragmentación política de América Latina. Algunos gobiernos optaron por el silencio prudente, otros condenaron la intervención, y unos pocos destacaron la caída de un liderazgo que consideraban autoritario. A nivel global, potencias como China y Rusia manifestaron su rechazo, mientras que organismos multilaterales advirtieron sobre los riesgos de una escalada.

El factor económico y el petróleo

Uno de los elementos que más controversia ha generado es la relación entre la intervención y los recursos naturales venezolanos. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, y su industria energética se encuentra en un estado de deterioro profundo. Declaraciones del propio Trump, en las que señaló que empresas estadounidenses participarían en la reactivación del sector, alimentaron sospechas sobre los verdaderos intereses detrás de la operación.

Desde la Casa Blanca se insiste en que la reconstrucción económica será parte de un proceso de estabilización y que la inversión extranjera es indispensable para la recuperación del país. Sin embargo, la historia latinoamericana ofrece numerosos ejemplos en los que la intervención externa y el control de recursos han generado dependencia y conflictos prolongados.

La promesa de “administrar” temporalmente el país hasta una transición política añade otra capa de complejidad. No está claro bajo qué marco legal se realizaría esa administración, ni cuál sería el rol de los actores venezolanos en ese proceso.

Un nuevo paradigma de poder

Más allá del caso venezolano, la captura de Maduro reconfigura el debate sobre el uso del poder en el siglo XXI. La acción refuerza la idea de que Estados Unidos está dispuesto a actuar de forma unilateral cuando considera que sus intereses estratégicos están en juego. Para algunos analistas, esto representa una reafirmación de liderazgo; para otros, una erosión del orden internacional basado en reglas.

La referencia reiterada de Trump a enviar un mensaje a otros actores globales sugiere que la operación fue concebida también como una demostración de fuerza. En ese sentido, Venezuela se convierte en escenario de una disputa simbólica más amplia, en la que se redefine el alcance de la hegemonía estadounidense.

El riesgo de este enfoque es la creación de un sistema internacional más volátil, donde las normas se subordinan a la capacidad militar. Si otros países adoptan criterios similares, el resultado podría ser una mayor inestabilidad global.

El futuro venezolano: entre la expectativa y la incertidumbre

Para Venezuela, el desafío es monumental. La salida abrupta de Maduro no resuelve automáticamente los problemas estructurales del país. La reconstrucción institucional, la recuperación económica y la reconciliación social requieren acuerdos internos amplios y sostenidos. La intervención externa, aun si logra desmantelar un liderazgo, no garantiza por sí sola un proceso democrático sólido.

El riesgo de una transición tutelada desde el exterior es que se debilite la legitimidad de cualquier nuevo gobierno. Al mismo tiempo, la ausencia de una conducción clara podría derivar en conflictos internos o en una fragmentación del poder.

La experiencia comparada muestra que los procesos de cambio político impuestos desde fuera suelen enfrentar resistencias prolongadas. El equilibrio entre acompañamiento internacional y autodeterminación será determinante para el desenlace.

Un hecho que redefine límites

La captura de Nicolás Maduro no es solo un episodio más en la larga crisis venezolana. Es un acontecimiento que redefine límites y obliga a replantear principios que se consideraban asentados. ¿Hasta dónde puede llegar un Estado en nombre de su seguridad? ¿Qué peso tiene la soberanía en un mundo interconectado? ¿Qué precedentes se están construyendo para el futuro?

Las respuestas no son inmediatas ni unívocas. Lo que sí resulta evidente es que el 3 de enero de 2026 marcó un antes y un después. El desenlace judicial de Maduro, la evolución política de Venezuela y la reacción de la comunidad internacional determinarán si este episodio se convierte en una excepción extrema o en el inicio de una nueva lógica de intervención.

En esa encrucijada, el mundo observa con atención. No solo por lo que ocurre en Venezuela, sino por lo que este caso revela sobre el rumbo del orden global en los años por venir.


La Captura de Nicolás Maduro: Un Análisis Profundo de la Operación, sus Implicaciones y el Futuro de Venezuela

Deep Dive

El amanecer del 3 de enero de 2026 no solo iluminó un nuevo día, sino que también arrojó una luz cruda y deslumbrante sobre uno de los acontecimientos geopolíticos más audaces y controvertidos del siglo XXI: la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, por fuerzas militares de los Estados Unidos. Esta operación, bautizada según informes como “Resolución Absoluta” [1], no solo remeció los cimientos de la política latinoamericana y global, sino que también reavivó debates fundamentales sobre la soberanía nacional, el derecho internacional, la lucha contra el narcotráfico y el alcance del poder estadounidense. La narrativa principal de estos eventos proviene de una detallada entrevista concedida por el Presidente Donald Trump a la cadena Fox News la mañana siguiente a la incursión [[Transcripción completa: Todo lo que reveló Donald Trump a Fox News sobre la captura de Nicolás Maduro]]. En este análisis exhaustivo, se desglosarán los pormenores de la operación tal como fueron descritos por el Presidente Trump, se contextualizarán sus declaraciones dentro del marco de las relaciones históricas entre EE. UU. y Venezuela, se examinarán las justificaciones esgrimidas, se analizarán las reacciones nacionales e internacionales, y se especulará sobre las profundas y duraderas implicaciones para Venezuela, la región y el propio Estados Unidos. Este informe busca ir más allá de los titulares, sumergiéndose en las complejidades de un acto que, según Trump, fue una manifestación de poder sin precedentes destinada a proteger los intereses estadounidenses y a liberar a un pueblo, pero que para muchos representa una peligrosa escalada y una violación de las normas internacionales. El objetivo es提供一个 perspicaz y equilibrado panorama de un momento que, sin duda, marcará un antes y un después en la historia contemporánea.

La Operación “Resolución Absoluta”: Una Narrativa de Poder, Precisión y Propósitos

La captura de Nicolás Maduro, tal como fue relatada por el Presidente Donald Trump en su entrevista con Fox News, se presenta no como una simple incursión militar, sino como una operación de una complejidad y audacia extraordinarias, ejecutada con una precisión quirúrgica y un despliegue de fuerza que, según sus propias palabras, no tiene parangón en el mundo [[Transcripción completa: Todo lo que reveló Donald Trump a Fox News sobre la captura de Nicolás Maduro]]. Trump, con un tono que mezclaba admiración por las capacidades de sus fuerzas armadas y una firme convicción en la justeza de la misión, describió un evento planeado al milímetro y llevado a cabo en medio de la oscuridad de la noche venezolana. La operación, que según informes de CNN se denominó “Resolución Absoluta” [1], implicó un despliegue masivo de recursos militares, incluyendo más de 150 aeronaves, entre aviones de combate y helicópteros de diversos tipos, que participaron en un asalto que sorprendió al propio Maduro en lo que el presidente estadounidense calificó como su “fortaleza” [[Transcripción completa…]; 1]. La elección del momento, se enfatizó, fue crucial; se esperó cuatro días a que las condiciones climáticas fueran “perfectas” para dar la orden de “adelante”, asegurando así el máximo factor sorpresa y las condiciones operativas óptimas [[Transcripción completa…]]. Este nivel de detalle en la planificación, desde la meteorología hasta la construcción de réplicas exactas del complejo donde se encontraba Maduro para practicar el asalto, subraya la meticulosidad con la que se abordó la misión. Trump se jactó de que militares de verdad le habían asegurado que “no hay otro país en la tierra que pudiera hacer tal maniobra”, una afirmación que busca no solo resaltar la supremacía militar estadounidense, sino también justificar la acción como algo único e irreplicable, y por tanto, necesario.

La descripción de Trump sobre cómo presenció la operación añade una capa de dramatismo y control personal a la narrativa. Desde una sala en Florida, rodeado de generales y otros altos mandos, el presidente afirmó haber observado “cada aspecto” de la incursión en tiempo real, “literalmente como si estuviera viendo un programa de televisión” [[Transcripción completa…]]. Esta imagen, aunque poderosa, también plantea interrogantes sobre la distancia física y simbólica entre el comandante en jefe y el campo de batalla, y sobre la naturaleza del liderazgo en operaciones de alto riesgo. La comunicación constante entre Florida y Venezuela, la “velocidad, la violencia” de la acción, y la capacidad de las fuerzas estadounidenses para irrumpir en lugares aparentemente impenetrables, derribando “puertas de acero” en segundos, fueron elementos recurrentes en su relato, diseñados para impresionar tanto a la audiencia doméstica como a los adversarios internacionales [[Transcripción completa…]]. La mención de que estaban preparados con “sopletes masivos” para atravesar el acero, aunque finalmente no fue necesario, refuerza la idea de una preparación exhaustiva para cualquier eventualidad. El resultado, según Trump, fue un éxito rotundo: la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, sin ninguna baja estadounidense, solo “un par de chicos [fueron] alcanzados”, y la recuperación de todas las aeronaves, a pesar de que un helicóptero fue “golpeado bastante fuerte” [[Transcripción completa…]; 1]. Este relato de una operación impecable, con daños mínimos y máximo éxito, es fundamental para la legitimación de la acción ante la opinión pública estadounidense y la comunidad internacional.

Las fuerzas involucradas, aunque Trump se mostró reacio a identificarlas explícitamente en la entrevista (“No quiero decir quiénes fueron”), fueron descritas como “los soldados más altamente entrenados del mundo” [[Transcripción completa…]]. Informes posteriores de CNN sugirieron la participación de la élite Delta Force y posiblemente de la unidad de respuesta de crisis del FBI [1]. La implicación de unidades tan especializadas subraya la importancia estratégica que la administración Trump otorgó a esta misión. Además, se reveló que la CIA había “instalado encubiertamente un equipo dentro de Venezuela para rastrear los movimientos de Maduro”, lo que sugiere una operación de inteligencia prolongada y compleja previa a la incursión militar [1]. La logística de la captura y el traslado también fue descrita con cierto detalle: Maduro y su esposa fueron llevados primero al buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, desde donde fueron trasladados en helicóptero a una base militar en Nueva York, y finalmente al Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn para enfrentar los cargos que pesaban en su contra [[Transcripción completa…]; 1]. Este trayecto, desde la “fortaleza” en Venezuela hasta un tribunal en EE. UU., simboliza el drástico cambio en la fortuna de Maduro y la determinación de Estados Unidos en llevarlo ante su sistema de justicia.

Las justificaciones presentadas por Trump para esta audaz operación se centraron principalmente en dos ejes: la lucha contra el narcotráfico y la protección de la seguridad nacional estadounidense. El presidente calificó a Maduro de “dictador” y lo acusó de ser responsable de enviar “cientos de miles del Tren de Aragua, vaciando sus cárceles y sus instituciones mentales en nuestro país”, lo cual calificó como “imperdonable” [[Transcripción completa…]]. Esta acusación, aunque no fue detallada con pruebas concretas en la entrevista, apela a miedos muy arraigados en la sociedad estadounidense respecto a la inmigración y el crimen. Trump vinculó directamente la captura de Maduro con la disminución del flujo de drogas, afirmando que las incautaciones en el mar habían bajado un 97% y que esta operación era necesaria para “detenerlo en tierra” [[Transcripción completa…]]. La narrativa de una “guerra” contra las drogas, que según el presidente causaba 300,000 muertes al año en EE. UU., sirvió como telón de fondo moral para la intervención. Trump contrastó esta acción con la “debilidad” de la anterior administración Biden, a quien acusó de “tolerar el narcoterrorismo”, y afirmó que con esta operación, Estados Unidos dejaba de ser “el hazmerreír de todo el mundo” y recuperaba su respeto [[Transcripción completa…]]. El mensaje era claro: esta no era solo una operación contra un líder extranjero, sino una manifestación de la restauración del poder y la determinación estadounidenses bajo su mandato.

Además de la lucha contra las drogas, Trump mencionó que la operación enviaba un mensaje contundente a otros adversarios globales como China, Irán y Rusia, insinuando que Estados Unidos ya no sería “mandoneado” y que estaba dispuesto a tomar acciones unilaterales para proteger sus intereses [[Transcripción completa…]]. La captura de Maduro fue enmarcada dentro de una serie de acciones exitosas de su administración, como la “neutralización de la amenaza nuclear iraní” y la eliminación de líderes como Qasem Soleimani y el de ISIS, posicionándola como otro hito en su legado de seguridad [[Transcripción completa…]]. La coincidencia de la captura con el sexto aniversario de la eliminación de Soleimani fue señalada como un detalle significativo, reforzando la imagen de una administración decidida y efectiva en sus acciones contra sus enemigos. Trump incluso se refirió a la Doctrina Monroe, afirmando que su administración la había “superado” a través de sus acciones en Venezuela, lo que sugiere una reinterpretación expansiva de la esfera de influencia estadounidense en las Américas [1]. En resumen, la narrativa de Trump sobre la operación “Resolución Absoluta” es una cuidadosamente construida historia de poderío militar, determinación presidencial y justificación moral, diseñada para legitimar una acción que, por su naturaleza, estaba destinada a generar una enorme controversia tanto a nivel nacional como internacional.

El Marco Legal y las Acusaciones: El Caso de EE. UU. contra Nicolás Maduro

La decisión de los Estados Unidos de no solo capturar a Nicolás Maduro en territorio venezolano, sino de trasladarlo a suelo estadounidense para enfrentar cargos penales, se basa en un marco legal que, según la administración Trump, justifica acciones de tal magnitud. Tras la operación, el Departamento de Justicia de EE. UU. desclasificó una nueva acusación (indictment) contra Maduro, su esposa Cilia Flores, y posiblemente su hijo, como parte de un caso de narcotráfico de larga data [1]. Esta acusación formal es el pilar sobre el cual se sustenta la pretensión de EE. UU. de juzgar al líder depuesto. Las declaraciones de Trump, aunque a veces vagas y cargadas de retórica política, apuntan a que el núcleo de estas acusaciones se relaciona con su presunto papel en el narcotráfico a gran escala y en actividades que amenazan la seguridad de Estados Unidos. Durante su entrevista con Fox News, Trump afirmó que Maduro “mató a mucha gente, incluso en su propio país, para mantener el poder” y que era responsable de enviar “cientos de miles del Tren de Aragua, vaciando sus cárceles y sus instituciones mentales en nuestro país” [[Transcripción completa…]]. Aunque estas afirmaciones son de naturaleza política y no especifican los cargos legales exactos, sugieren que la acusación podría incluir delitos como narcoterrorismo, conspiración para importar drogas, y quizás incluso crímenes relacionados con la violación de los derechos humanos o el lavado de activos, si estos pueden ser vinculados a la jurisdicción estadounidense. La mención específica del “Tren de Aragua”, una organización criminal venezolana, indica que el caso podría centrarse en la supuesta colusión entre el gobierno de Maduro y estas bandas para facilitar el tráfico de drogas y personas hacia EE. UU.

La elección de Nueva York como el lugar para procesar a Maduro no es casual. El Distrito Sur de Nueva York, en particular, tiene una larga tradición en el enjuiciamiento de casos de narcotráfico internacional y terrorismo, y sus fiscales han desarrollado una amplia experiencia en litigar asuntos complejos que involucran a figuras extranjeras y pruebas obtenidas en el extranjero. Trump confirmó que Maduro fue “acusado en Nueva York” y que se dirigía allí para ser recluido en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn hasta su acusación formal [[Transcripción completa…]; 1]. Un analista legal de CNN señaló que el primer lugar donde Maduro pisó suelo estadounidense tiene “grandes implicaciones para su caso”, lo que sugiere que la elección de la jurisdicción fue estratégica [1]. El proceso de “booking” para Maduro y su esposa, incluyendo la toma de huellas dactilares y fotografías, sería manejado por las autoridades federales de Nueva York [1]. La prisión federal en Nueva York está “especialmente equipada para personas de alto riesgo”, lo que indica que se tomarán medidas de seguridad extremas [1]. Abogados penalistas de alto perfil ya estaban, según informes, buscando representar a Maduro, lo que anticipa un juicio mediático y legalmente complejo [1].

La base legal para una operación militar en suelo extranjero para capturar a un jefe de estado es, sin embargo, extremadamente controvertida y se adentra en un terreno jurídico pantanoso. La administración Trump justificó la acción citando una opinión legal asociada con la invasión de Panamá en 1989, durante la presidencia de George H. W. Bush, que se utilizó para justificar la captura del líder panameño Manuel Noriega [1]. Esa intervención se basó en parte en la lucha contra el narcotráfico y en la protección de ciudadanos estadounidenses. Al invocar este precedente, la administración Trump busca establecer una base legal para sus acciones, argumentando que la captura de Maduro era necesaria para la seguridad nacional de EE. UU. y para desmantelar redes de narcotráfico que operan con la connivencia o el apoyo del estado venezolano. Sin embargo, a diferencia de Noriega, quien fue capturado durante una invasión a gran escala, la operación en Venezuela parece haber sido una incursión quirúrgica, lo que podría complicar aún más la justificación legal. El senador demócrata Jim McGovern criticó abiertamente la operación, calificándola de “ataque ilegal injustificado” y afirmando que Trump no había obtenido la autorización del Congreso, un requisito constitucional para declarar la guerra, aunque los presidentes a menudo han utilizado autorizaciones más amplias o interpretaciones ejecutivas para acciones militares limitadas [[Transcripción completa…]; 1]. El senador Marco Rubio, por su parte, argumentó que la operación venezolana “no es el tipo de misión que puedas hacer con una notificación al Congreso”, sugiriendo que la naturaleza secreta y urgente de la misión eximía a la administración de la necesidad de una aprobación legislativa previa [1].

El concepto de soberanía nacional, pilar del derecho internacional, es directamente desafiado por una operación de este tipo. La captura de un jefe de estado en ejercicio en su propio país, sin el consentimiento de su gobierno (o de un gobierno reconocido internacionalmente como legítimo), es vista por muchos expertos legales y países como una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas y de los principios fundamentales de no injerencia en los asuntos internos de otros estados. La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, describió la captura de Maduro como un “secuestro” y una “violación del derecho internacional” [1]. China condenó la acción de EE. UU. como un “uso flagrante de la fuerza contra un estado soberano” [1], y el Secretario General de la ONU advirtió sobre las “preocupantes implicaciones” de la acción militar estadounidense [1]. Estas reacciones subrayan la profunda división que la operación ha causado en la comunidad internacional. La defensa de la administración Trump se centraría probablemente en la doctrina de la “protección de nacionales” o la “autodefensa” contra una amenaza persistente (el narcotráfico), argumentando que el gobierno de Maduro se había convertido en una “narcodictadura” que perdía su legitimidad al participar en actividades criminales internacionales. El éxito de cualquier defensa legal dependerá en gran medida de la solidez de las pruebas presentadas por el Departamento de Justicia para respaldar las acusaciones de narcotráfico y otros delitos, y de la capacidad de los abogados de Maduro para impugnar la legalidad de su captura y la jurisdicción de los tribunales estadounidenses. El proceso judicial promete ser un campo de batalla legal tan intenso como la operación militar que lo precedió.

Reacciones Nacionales e Internacionales: Un Mundo Dividido

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses provocó una oleada de reacciones diversas y a menudo contradictorias a nivel nacional e internacional, reflejando la polarización geopolítica y las complejas alianzas que definen el escenario mundial actual. Dentro de Estados Unidos, la respuesta fue marcadamente partidista. Mientras los republicanos, en su mayoría, elogiaron la decisión del presidente Trump como una demostración de fuerza y determinación en la lucha contra el narcotráfico y la defensa de los intereses nacionales, los demócratas la criticaron duramente, cuestionando su legalidad, su legitimidad y sus potenciales consecuencias desestabilizadoras. El representante demócrata Jim McGovern fue uno de los voceros más críticos, calificando la operación de “ataque ilegal injustificado” y acusando a Trump de no haber obtenido la autorización del Congreso, un requisito que, según muchos analistas legales, es constitucionalmente necesario para acciones militares de esta envergadura [[Transcripción completa…]; 1]. McGovern y otros demócratas argumentaron que tales acciones unilaterales minan el orden internacional y ponen en peligro la seguridad de EE. UU. a largo plazo. Por otro lado, los líderes republicanos elogiaron la operación, con el senador Marco Rubio defendiendo la necesidad de la misión y sugiriendo que su naturaleza secreta la eximía de una notificación congressional previa [1]. El propio Trump, durante su entrevista, desestimó las críticas demócratas, tildándolas de provenientes de “gente débil y estúpida” que estaba “tratando de salvarse a sí misma de casi destruir nuestro país” [[Transcripción completa…]]. Esta división interna se reflejó también en la calles, con manifestaciones de venezolanos y estadounidenses celebrando la caída de Maduro en lugares como Doral, Florida, mientras que en otras ciudades se organizaron protestas con lemas como “No a la guerra en Venezuela” [1].

En Venezuela, las reacciones fueron igualmente complejas. Si bien Trump afirmó que “la gente de Venezuela está muy feliz” y que “la gente no puede creer que tuvieron tanta suerte”, describiendo escenas de gente marchando en las calles ondeando banderas americanas, la realidad en el terreno parece ser más matizada [[Transcripción completa…]; 1]. Informes de CNN desde Caracas describían a los venezolanos “con miedo y ansiedad”, evitando las calles después del ataque estadounidense, y haciendo cola para comprar alimentos y suministros ante la incertidumbre de lo que vendría [1]. La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, aunque reconociendo la captura de Maduro, insistió en que él era “el único presidente de Venezuela” y exigió su “liberación inmediata”, calificando la acción de “secuestro” y violación del derecho internacional [1]. Se reportaron civiles armados caminando por las calles de Caracas, lo que sugiere un posible aumento de la tensión o la preparación para disturbios [1]. La líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, pidió un “cambio inmediato de gobierno”, pero Trump expresó dudas sobre su capacidad de liderazgo, afirmando que “no tiene el apoyo” [1; [Transcripción completa…]]. Esta ambigüedad por parte de EE. UU. respecto al futuro liderazgo de Venezuela añade otra capa de incertidumbre a la ya volátil situación política del país.

A nivel internacional, las reacciones fueron igualmente diversas y reflejaron las líneas de fractura geopolítica existentes. China, un aliado clave del gobierno de Maduro, condenó enérgicamente la acción estadounidense, calificándola de “uso flagrante de la fuerza contra un estado soberano” y exigiendo el respeto a la independencia y la soberanía de Venezuela [1]. Rusia, otro importante aliado de Caracas, expresó a través de su ministro de exteriores su “firme solidaridad” con Venezuela en una llamada con la vicepresidenta Delcy Rodríguez [1]. Estas reacciones eran predecibles, dadas las estrechas relaciones de Moscú y Pekín con el régimen de Maduro y su oposición general a lo que perciben como intervencionismo estadounidense. El Secretario General de la ONU, por su parte, advirtió sobre las “preocupantes implicaciones” de la acción militar estadounidense, un llamado a la prudencia y al respeto del derecho internacional [1]. Otros líderes latinoamericanos también reaccionaron, aunque con matices diferentes, reflejando la compleja red de relaciones en la región. Trump incluso advirtió al presidente colombiano Gustavo Petro, diciendo “Él tiene que cuidar su trasero”, un comentario que subraya la postura agresiva y confrontacional de la administración Trump hacia los líderes que no se alinean con sus políticas [1]. El impacto inmediato se sintió también en la aviación, con la FAA estadounidense restringiendo el espacio aéreo sobre el Caribe después del ataque en Venezuela, y principales aerolíneas estadounidenses cancelando vuelos desde la región [1]. Empresas como Chevron se centraron en la seguridad de sus empleados en Venezuela, mientras que la comunidad internacional observaba con atención la evolución de la crisis, consciente de que las acciones de EE. UU. podrían tener consecuencias impredecibles para la estabilidad de la región y el sistema global de estados soberanos.

El Futuro de Venezuela: Incertidumbre, Intervención y la Sombra de EE. UU.

La captura de Nicolás Maduro ha dejado un vacío de poder inmenso en Venezuela y ha sumido al país en un estado de profunda incertidumbre. Con su principal figura depuesta y enfrentando un juicio en Nueva York, el futuro político, económico y social de la nación caribeña se presenta más borroso que nunca. El presidente Trump ha dejado claro que Estados Unidos no será un mero espectador en este proceso. Durante su entrevista con Fox News, afirmó rotundamente: “Estamos tomando esa decisión ahora. No podemos arriesgarnos y dejar que alguien más tome el relevo donde él lo dejó. Estaremos muy involucrados” [[Transcripción completa…]]. Más tarde, en declaraciones a CNN, Trump fue aún más explícito: “Vamos a administrar el país” hasta que se pueda realizar una “transición adecuada” [1]. Estas declaraciones apuntan a un nivel de intervención estadounidense sin precedentes en la historia reciente de Venezuela, que va mucho más allá del reconocimiento diplomático de un gobierno alternativo, como fue el caso con Juan Guaidó en 2019. La administración Trump parece dispuesta a asumir un rol directivo en la reestructuración del estado venezolano, al menos temporalmente, lo que plantea serias interrogantes sobre la soberanía y la autodeterminación del pueblo venezolano.

Uno de los aspectos más destacados en el discurso de Trump es el interés de Estados Unidos en la industria petrolera venezolana, poseedora de las mayores reservas de crudo del mundo [[Transcripción completa…]]. Trump afirmó que las “mejores compañías petroleras del mundo” (estadounidenses, se sobreentiende) “estarán muy involucradas” en este sector [[Transcripción completa…]]. Además, aclaró que tropas estadounidenses permanecerían en el suelo venezolano para “asegurar el petróleo” [1]. Este anuncio ha llevado a muchos críticos, como el representante demócrata Auchincloss, a denunciar que la operación fue motivada por “sangre por petróleo” [1]. La perspectiva de un control directo o indirecto de los recursos energéticos venezolanos por parte de EE. UU. es un punto de enorme tensión, no solo para los sectores nacionalistas y chavistas que aún puedan resistir, sino también para otros actores internacionales con intereses en el país, como China y Rusia, que tienen importantes inversiones y acuerdos en el sector petrolero venezolano. La promesa de “arreglar la infraestructura petrolera” de Venezuela hecha por Trump [1] suena a una oportunidad para las empresas estadounidenses, pero también a la posibilidad de una explotación de recursos en beneficio de intereses foráneos, un temor histórico en América Latina.

En cuanto al liderazgo político post-Maduro, la posición de EE. UU. es ambigua. Trump mencionó a la líder opositora María Corina Machado como una figura a considerar, pero inmediatamente sembró dudas sobre su capacidad, afirmando que “no tiene el apoyo” [1; [Transcripción completa…]]. Machado, por su parte, ha pedido un “cambio inmediato de gobierno” [1], pero la falta de un respaldo claro y unificado por parte de Washington podría debilitar su posición frente a otras figuras dentro de la dispersa oposición venezolana. Trump también mencionó que EE. UU. estaba “trabajando con el vicepresidente” de Venezuela, en una referencia a Delcy Rodríguez, una figura clave del chavismo, lo que añade otra capa de confusión sobre la estrategia estadounidense [1]. ¿Busca EE. UU. una transición liderada por figuras de la oposición tradicional, o está intentando cooptar a sectores del chavismo para formar un gobierno de “unidad” o “transición” que sea más manejable y favorable a sus intereses? La falta de un plan claro y comunicativamente transparente para la sucesión política podría conducir a una lucha de poder interna, a una mayor fragmentación y a una posible inestabilidad prolongada en Venezuela. La advertencia de Trump a los leales a Maduro de que “el futuro es realmente malo para ellos” si se mantienen fieles [[Transcripción completa…]] indica una política de mano dura contra los remanentes del antiguo régimen, lo que podría generar resistencia y conflictos.

La promesa de “libertad para la gente” de Venezuela hecha por Trump [[Transcripción completa…]] es un objetivo amplio y deseable, pero el camino para alcanzarlo está lleno de obstáculos. La intervención directa de una potencia extranjera, especialmente una con una historia de intervenciones controvertidas en la región, rara vez conduce a resultados estables o democráticos de manera rápida o sencilla. La reconstrucción de las instituciones venezolanas, la recuperación de una economía devastada por años de crisis, mal manejo y sanciones, y la sanación de una sociedad profundamente polarizada y traumatizada, son tareas monumentales que requerirán un enorme esfuerzo, no solo de EE. UU., sino de la comunidad internacional y, sobre todo, de los propios venezolanos. La sombra de una intervención prolongada, la explotación de recursos y la imposición de un gobierno alineado con los intereses de Washington podría, en lugar de traer libertad, generar un nuevo ciclo de resentimiento, dependencia y conflicto. El futuro de Venezuela pende de un hilo, y las acciones de Estados Unidos en las próximas semanas y meses serán determinantes para definir si el país encamina hacia una recuperación soberana y democrática, o si se sumerge en un nuevo capítulo de turbulencia y dominación extranjera. La afirmación de Trump de que “si yo no hubiera sido elegido, ni siquiera creo que tendríamos un país ahora mismo” en referencia a EE. UU. [[Transcripción completa…]], refleja una visión de su propio papel que bien podría extrapolarse a su ambición de rehacer Venezuela a su imagen y semejanza, con todos los riesgos que ello conlleva.

Implicaciones Geopolíticas Globales: Un Nuevo Paradigma de Intervención

La captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses trasciende con creces el marco bilateral entre Washington y Caracas, inaugurando lo que muchos analistas consideran un nuevo y peligroso paradigma en las relaciones internacionales y el ejercicio del poder global. Esta acción unilateral, audaz y sin precedentes en la historia reciente, envía un mensaje contundente a todos los rincones del mundo sobre la voluntad y la capacidad de la administración Trump de utilizar su poderío militar de manera directa y decisiva para alcanzar sus objetivos, incluso si ello significa violar la soberanía de otras naciones y desafiar las normas establecidas del derecho internacional. El propio presidente Trump fue explícito en este sentido, afirmando que la operación servía como un claro mensaje para adversarios como China, Irán y Rusia, países que, según él, se habían aprovechado de lo que él calificó como la “debilidad” de administraciones anteriores [[Transcripción completa…]]. Esta retórica, que enmarca la acción no solo como una respuesta a una amenaza específica (el narcotráfico desde Venezuela), sino como una reafirmación general del poderío estadounidense, redefine las reglas del juego geopolítico y crea un clima de mayor incertidumbre y potencial confrontación a nivel global.

La Doctrina Monroe, que desde el siglo XIX ha servido como justificación para la influencia de Estados Unidos en las Américas bajo el lema “América para los americanos”, parece haber sido reactivada y llevada a un extremo nunca antes visto. Trump afirmó que su administración había “superado” la Doctrina Monroe a través de sus acciones en Venezuela [1]. Esta declaración sugiere una interpretación expansiva y mucho más intervencionista del rol de EE. UU. como potencia hegemónica en el hemisferio occidental. Si la Doctrina Monroe original se oponía a la colonización europea en América, esta nueva versión, “superada”, parece justificar la intervención militar directa para remodelar gobiernos y controlar recursos, bajo el pretexto de la seguridad nacional o la promoción de intereses estadounidenses. Esto representa un retroceso alarmante para el principio de soberanía e igualdad jurídica de los estados, y genera una profunda preocupación en América Latina y otras regiones del mundo, que temen convertirse en el próximo objetivo de acciones similares. La idea de que un país pueda juzgar y castigar a un jefe de estado en ejercicio en su propio territorio, y luego transportarlo para ser enjuiciado en sus tribunales, establece un precedente extremadamente peligroso que podría ser invocado por otras potencias para justificar sus propias acciones unilaterales, creando un caos normativo en las relaciones internacionales.

Las reacciones de las grandes potencias han sido, como era de esperar, de profunda preocupación y rechazo. China y Rusia, ambos con importantes intereses estratégicos y económicos en Venezuela, y con relaciones tensas con Estados Unidos, condenaron la operación como una violación de la soberanía y un “uso flagrante de la fuerza” [1]. La expresión de “firme solidaridad” de Rusia con Venezuela [1] indica que Moscú no está dispuesto a ceder terreno en lo que considera su esfera de influencia y que responderá, al menos diplomáticamente, a lo que percibe como una provocación de Washington. China, por su parte, ve con alarma cualquier acción que pueda desestabilizar a un socio clave y que establezca un precedente que podría afectar sus propias relaciones con otros países. La advertencia del Secretario General de la ONU sobre las “preocupantes implicaciones” de la acción estadounidense [1] refleja la alarma en la comunidad internacional ante una erosión del multilateralismo y un retorno a políticas de poder bruto. Este evento podría acelerar la formación de bloques antagónicos y una nueva carrera armamentista, ya que otros países buscan formas de contrarrestar lo que perciben como un unilateralismo agresivo por parte de Estados Unidos. La afirmación de Trump de que su ejército es “el mejor del mundo, por lejos” y que “nadie más podría haber hecho algo así” [[Transcripción completa…]], aunque destinada a proyectar fuerza, también puede ser interpretada como una provocación que incentiva a otras potencias a desafiar esta supremacía.

La operación en Venezuela también plantea serias dudas sobre el futuro del derecho internacional y de las instituciones diseñadas para mantener la paz y la seguridad globales. Si una potencia como Estados Unidos puede actuar unilateralmente, sin el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU y en violación de los principios de soberanía, para capturar a un jefe de estado, ¿qué valor tienen entonces las cartas y convenciones internacionales? Este acto podría minar la credibilidad de la ONU y de otros foros multilaterales, llevando a un sistema internacional más caótico y basado en la ley del más fuerte. La referencia a la opinión legal utilizada para justificar la invasión de Panamá [1] muestra cómo se pueden encontrar precedentes para acciones altamente controvertidas, pero también cómo estos precedentes pueden ser utilizados para normalizar prácticas que deberían ser excepcionales y universalmente condenadas. El legado de esta operación podría ser un mundo más inseguro, donde la intervención militar se convierta en una herramienta más común para resolver disputas políticas y económicas, y donde la soberanía de las naciones más pequeñas quede permanentemente amenazada por los caprichos de las potencias mayores. La pregunta que muchos se hacen es si este es el comienzo de una nueva era de intervencionismo desenfrenado, o si la reacción negativa de la comunidad internacional servirá como un freno a acciones similares en el futuro. Lo que está claro es que el mundo ha cambiado tras la captura de Nicolás Maduro, y que las implicaciones de este evento se sentirán durante muchos años.

El Legado de Trump y el Debate sobre el Imperialismo

La captura de Nicolás Maduro se perfila, sin duda, como uno de los momentos definitorios del segundo mandato del presidente Donald Trump, un acto que busca consolidar su imagen como un líder fuerte, decidido y dispuesto a tomar medidas drásticas que, según sus partidarios, sus predecesores se atrevieron a considerar. Durante su entrevista con Fox News, Trump contrastó repetidamente su acción con la supuesta “debilidad” de la administración Biden, a quien acusó de “tolerar el narcoterrorismo” y de llevar al país al “camino de la destrucción” [[Transcripción completa…]]. Al presentar la operación como un éxito rotundo, “algo asombroso” que nadie más podría haber logrado, Trump no solo busca legitimar la intervención, sino también reforzar su propia narrativa de haber restaurado el poder y el respeto de Estados Unidos en el mundo [[Transcripción completa…]]. Este evento será utilizado por sus defensores como la máxima expresión de su doctrina de “América Primero”, poniendo los intereses de la nación por encima de cualquier consideración diplomática o legal, y como una prueba de su compromiso con la seguridad de los ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, este legado también estará marcado por la polémica, la división y las acusaciones de haber cruzado líneas rojas en las relaciones internacionales.

La operación en Venezuela ha reavivado con fuerza el debate sobre el imperialismo estadounidense y el rol de esta potencia en el mundo. Para muchos críticos, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, la captura de Maduro es un ejemplo flagrante de un comportamiento imperialista, donde una nación poderosa impone su voluntad por la fuerza a un país más débil, violando su soberanía y sus leyes. La mención de Trump sobre el control de la industria petrolera venezolana por parte de empresas estadounidenses [[Transcripción completa…]] alimenta la percepción de que los motivos detrás de la intervención no son puramente altruistas o de seguridad, sino que también tienen fuertes intereses económicos. La acusación de “sangre por petróleo” lanzada por el representante Auchincloss [1] resuena en un continente que tiene una larga historia de explotación de sus recursos naturales por potencias extranjeras y de intervenciones estadounidenses en sus asuntos internos. La promesa de Trump de “arreglar” Venezuela y de que EE. UU. “va a administrar el país” [1] es vista por muchos como una forma moderna de neocolonialismo, donde se impone un gobierno o una administración extranjera bajo el pretexto de la “ayuda” o la “transición democrática”. Esta narrativa imperialista no solo daña la imagen de Estados Unidos en la región y en el mundo, sino que también socava cualquier intento de presentar la intervención como un acto de liberación.

La retórica de Trump durante la entrevista está llena de referencias a la fuerza, la violencia y la supremacía militar. Frases como “la velocidad, la violencia”, “irrumpieron”, “derribaron [puertas de acero] en cuestión de segundos” y “nadie más podría haber hecho algo así” [[Transcripción completa…]] buscan transmitir una imagen de poder irresistible. Esta celebración de la fuerza bruta como herramienta de política exterior es una característica del estilo de Trump, pero también es un recordatorio de los peligros de un enfoque que prioriza la solución militar sobre la diplomacia y el diálogo. Si bien es cierto que el problema del narcotráfico es grave y requiere una respuesta firme, la captura de un jefe de estado en su propio territorio es un paso extremo que puede tener consecuencias imprevistas y desestabilizadoras. La comparación que Trump hizo con la operación de Entebbe o la misión que mató a Osama bin Laden [[Transcripción completa…]] es discutible, ya que, aunque todas involucraron operaciones militares de alto riesgo, el contexto político y legal de la captura de un jefe de estado en ejercicio es muy diferente y mucho más complejo. El peligro de normalizar este tipo de acciones es que se crea un precedente donde cualquier país que se considere lo suficientemente poderoso podría intervenir militarmente en otro para arrestar a sus líderes, alegando cualquier tipo de justificación.

Finalmente, el legado de esta operación también dependerá de lo que ocurra en Venezuela en los meses y años venideros. Si la intervención conduce a un gobierno estable, democrático y próspero, respetuoso de los derechos humanos, algunos podrían verla como un “mal necesario”. Sin embargo, si, como muchos temen, conduce a un mayor conflicto, a una ocupación prolongada, a la explotación de recursos y a la instalación de un gobierno títere de Washington, entonces la historia la juzgará como un acto de arrogancia imperialista con consecuencias catastróficas para el pueblo venezolano y para la estabilidad mundial. La afirmación de Trump de que “nuestro país ahora está más fuerte (‘hotter’) que nunca” [[Transcripción completa…]] puede resonar entre sus seguidores, pero para una gran parte del mundo, esta “fuerza” se percibe como una amenaza. El verdadero legado de la captura de Nicolás Maduro no se medirá solo por la audacia de la operación, sino por sus consecuencias a largo plazo para la paz, la seguridad y el respeto al derecho internacional. Es un legado que, por ahora, aparece profundamente dividido y cargado de incertidumbre.

Conclusión: Un Mundo en la Encrucijada

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas de los Estados Unidos, tal como fue narrada por el presidente Donald Trump, representa un punto de inflexión dramático y preocupante en las relaciones internacionales contemporáneas. Más allá de los detalles de la operación “Resolución Absoluta”, descrita con un despliegue de fuerza y precisión militar destinado a impresionar y a disuadir, este evento plantea cuestiones fundamentales sobre el orden global, la soberanía de las naciones y los límites del poder. La justificación principal de la administración Trump, centrada en la lucha contra un narcotráfico que, según sus propias y controvertidas cifras, asolaba a Estados Unidos, y en la necesidad de restaurar una imagen de poder y respeto perdido, choca frontalmente con los principios del derecho internacional y con la oposición de una parte significativa de la comunidad internacional. La audacia de la operación, su naturaleza unilateral y su desprecio por las normas establecidas envían un mensaje escalofriante a un mundo ya fracturado por tensiones geopolíticas: la ley del más fuerte puede prevalecer sobre el diálogo y la cooperación multilateral.

El futuro de Venezuela, el país directamente afectado, se sumerge en un abismo de incertidumbre. La promesa de una “administración” temporal por parte de Estados Unidos, el control de sus vastos recursos petroleros y la ambigüedad sobre el futuro liderazgo político generan más temores que esperanzas. La experiencia histórica de intervenciones extranjeras en América Latina y en otras partes del mundo sugiere que tales acciones rara vez conducen a resultados estables o beneficiosos para la población local, y a menudo dejan un legado de dependencia, conflicto y resentimiento. La posibilidad de que esta operación abra la puerta a una mayor inestabilidad, a una resistencia prolongada o incluso a un conflicto civil encubierto es una preocupación real y palpable. La comunidad venezolana, tanto dentro como fuera del país, observa con una mezcla de alivio por la caída de un régimen autoritario y de profunda aprensión por lo que el futuro pueda deparar bajo la sombra de una intervención extranjera.

A nivel global, las implicaciones son igualmente profundas. La reafirmación de una Doctrina Monroe “superada” y la justificación de acciones unilaterales basadas en interpretaciones expansivas de la seguridad nacional amenazan con erosionar aún más el sistema de derecho internacional y las instituciones multilaterales. Las reacciones de potencias como China y Rusia, que ven en la acción estadounidense una amenaza a sus propios intereses y un precedente peligroso, podrían conducir a una mayor polarización y a una escalada de tensiones en un escenario mundial ya de por sí complejo. El riesgo de que este evento inspire acciones similares por parte de otras potencias, creando un dominó de intervenciones no autorizadas, es uno de los aspectos más alarmantes de esta crisis. El mundo se encuentra, por tanto, en una encrucijada: ¿se acepta la normalización de un intervencionismo unilateral y coercitivo, o se redoblan los esfuerzos por fortalecer un orden internacional basado en el respeto a la soberanía, el derecho y la resolución pacífica de disputas?

En última instancia, el verdadero legado de la captura de Nicolás Maduro no será determinado por la eficacia militar de la operación, ni por la retórica triunfalista de sus ejecutores. Será determinado por sus consecuencias a largo plazo: ¿llevará a un Venezuela más libre, democrático y próspero, o a una nueva forma de dependencia y conflicto? ¿Fortalecerá o debilitará el marco del derecho internacional y la seguridad colectiva? ¿Contribuirá a un mundo más pacífico o a una era de mayor confrontación entre potencias? Estas preguntas permanecen abiertas, y sus respuestas definirán, en gran medida, el paisaje geopolítico del siglo XXI. Lo que es innegable es que, con la captura de Maduro, el presidente Trump ha tirado de un hilo que podría desmadejar el ya frágil tapiz de las relaciones mundiales, dejando al mundo en un estado de alerta y reflexión sobre los peligros de un poder sin controles y de un unilateralismo desafiante.


Referencias

[Transcripción completa: Todo lo que reveló Donald Trump a Fox News sobre la captura de Nicolás Maduro]. Meganoticias. 03 en. 2026.

[1] CNN. Breaking News, Latest News and Videos | CNN. https://www.cnn.com. (Varios artículos y actualizaciones sobre la captura de Maduro y sus consecuencias, fechados el 3 y 4 de enero de 2026).


Transcripción completa: Todo lo que reveló Donald Trump a Fox News sobre la captura de Nicolás Maduro

  • Por Meganoticias 03 en. 2026 – 12:26 hr

A continuación, revisa la transcripción completa de la entrevista que concedió la mañana de este sábado el presidente Donald Trump a la cadena de noticias Fox News, donde el Presidente de Estados Unidos dio detalles de la operación en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa.

Fox News: Ha tenido una noche bastante ocupada. Cuéntenos al respecto.

Presidente Trump: Estuvo ligeramente ocupada. Yo diría que estuvo muy oscuro en todas partes, especialmente en Venezuela. El equipo hizo un trabajo increíble. Ensayaron y practicaron como nadie ha visto jamás. Y me dijeron —me lo dijeron militares de verdad— que no hay otro país en la tierra que pudiera hacer tal maniobra. Si hubieran visto lo que pasó… quiero decir, lo vi literalmente como si estuviera viendo un programa de televisión.

Si hubieran visto la velocidad, la violencia… ya saben, dicen “la velocidad, la violencia”, usan ese término. Fue simplemente una cosa asombrosa, un trabajo asombroso el que hizo esta gente. Nadie más podría haber hecho algo así.

Fox News: .¿Cómo pudo ver esto?

Presidente Trump: Bueno, lo vimos desde una sala. Teníamos una sala, lo vimos y observamos cada aspecto de ello. Estábamos rodeados de mucha gente, incluyendo generales; sabían todo lo que estaba pasando. Fue muy complejo, extremadamente compleja toda la maniobra: los aterrizajes, la cantidad de aviones —que era una cantidad masiva—, la cantidad de helicópteros, diferentes tipos de helicópteros, diferentes tipos de aviones de combate.

Teníamos un avión de combate para cada situación posible. Simplemente irrumpieron y entraron en lugares en los que realmente no se podía entrar; ya saben, puertas de acero que fueron puestas allí solo por esta razón y fueron derribadas en cuestión de segundos. Nunca he visto nada igual, en realidad.

Fox News: ¿Y pudo ver esto en tiempo real?

Presidente Trump: Sí. Y no olviden, he hecho algunas operaciones bastante buenas en otras partes del mundo, ¿vale? He hecho algunas bastante buenas, pero nunca he visto nada como esto. Pude verlo en tiempo real, vi cada aspecto y escuché la comunicación entre donde estábamos en Florida y el campo en Venezuela.

Fue asombroso ver el profesionalismo, la calidad del liderazgo. El General Raisin Gain es fantástico. No olviden, hicimos otra no hace mucho tiempo, lo que se llamó la neutralización de la amenaza nuclear iraní, la energía nuclear. Y eso fue increíble lo que hicieron allí. Y esto es algo que, no sé, es asombroso. Y tener algunas lesiones, pero ninguna muerte de nuestro lado, es realmente asombroso.

Fox News: Sr. Presidente, los críticos dirán que una acción fuerte puede arriesgar una escalada, pero la historia nos ha demostrado que la debilidad puede invitar verdaderamente al caos. Esta operación militar claramente envía un mensaje a nuestros adversarios alrededor del mundo —China, Irán, Rusia— de que ya no somos la administración débil que tuvimos durante cuatro años bajo el expresidente Biden, quien toleró el narcoterrorismo. ¿Qué sigue para Estados Unidos y Venezuela?

Presidente Trump: Bueno, somos muy fuertes. Y muy importante: si miras las drogas a través de los océanos, a través de los mares, han bajado un 97%. Eso son los barcos. Está un poco relacionado con esto, como saben. Las drogas han bajado mucho. Y se está poniendo muy, muy difícil.

Miren, tenemos un país totalmente diferente. Tenemos un país ahora que es respetado. Yo construí el ejército en mi primer mandato y regalaron un pequeño trozo —fue mucho, aunque fue un trozo pequeño en relación con lo que construimos—, pero se lo dieron a Afganistán tan estúpidamente. Comparen esto con Afganistán, donde éramos el hazmerreír de todo el mundo. Ya no somos un hazmerreír. No, tenemos el mejor ejército del mundo, con diferencia. Tenemos el mejor equipamiento militar del mundo, con diferencia.

Tenías que ver esto en tiempo real. Tenías que ver el profesionalismo y la valentía, todo al respecto. Y casi no podías retenerlos. Era como si quisieran ir con tantas ganas. La mayoría de la gente habría dicho: “Paso”. Sé que Charlie hubiera querido ir porque es una persona muy valiente. Pero sé que mucha otra gente habría dicho: “Creo que pasaré de esta, vamos a verlo por televisión”. Ha sido asombroso ver lo buenos que eran, lo profesionales que eran, lo increíble que es el equipo que tenemos.

Quiero decir, el nivel de equipamiento y ver cómo funcionó tan perfectamente. Y si comparan esto con ataques a Irán a lo largo de los años, con helicópteros chocando entre sí, todo fue un desastre… la situación de Jimmy Carter, que fue un desastre, y cualquier otra situación comparada con esta… nadie ha visto algo así.

Miren, el ataque iraní neutralizando su energía nuclear fue grande. Tuvimos paz en Oriente Medio y la tenemos. Sin eso, nunca podrías tener paz en Oriente Medio. Los neutralizamos y miren lo que le está pasando ahora a Irán. Eso no podría haber sido mejor. Y esto no podría haber sido mejor. Ni siquiera sé cuál es… ambos son realmente importantes. Me pregunto cómo será calificado.

Fox News: Piénselo, estaban listos, en dos meses habrían sido una potencia nuclear.

Presidente Trump: Y comparando eso con esto, de una manera ciertamente diferente, creo que esto podría haber sido realmente más complejo. Eso fue algo asombroso.

Fox News: Es interesante, Sr. Presidente. La captura de Maduro y su esposa coincide con el sexto aniversario de su eliminación del líder de la Guardia Revolucionaria Iraní, Qasem Soleimani.

Presidente Trump: Por cierto, esa fue la tercera cosa y tenemos una cuarta. Atrapamos a Soleimani. Hemos eliminado a tantos… miren lo que le hicimos al líder de ISIS que ya no está con nosotros, a quien todo el mundo buscaba durante 20 años y lo atrapamos. Hemos hecho mucho, pero esto fue algo… tal vez porque está fresco en nuestras mentes. La situación iraní fue tan grande, neutralizar eso… el bombardero B2, cada misil dio en su objetivo. Y el objetivo era un conducto de ventilación, ¿verdad? Oscuro en la noche, sin luna, no podías ver nada. Y cada misil entró directo por ese conducto y simplemente obliteró el lugar.

Fox News: Eso fue asombroso. Sr. Presidente, su vicepresidente, JD Vance, dijo que el mensaje es bastante claro: el narcotráfico debe parar. ¿Fue esta operación un mensaje para México, para la presidenta Claudia Sheinbaum?

Presidente Trump: Bueno, no pretendía serlo. Somos muy amigos de ella. Es una buena mujer, pero los cárteles manejan México. Ella no maneja México. Los cárteles lo hacen. Podríamos ser políticamente correctos y decir “Oh, sí, ella lo hace”, pero no. Ella está muy asustada de los cárteles. Le he preguntado numerosas veces: “¿Le gustaría que elimináramos a los cárteles?”. “No, no, no, Sr. Presidente, por favor”.

Así que tenemos que hacer algo porque perdimos… el número real es 300.000 personas en mi opinión. Les gusta decir 100.000, pero el número real es 300.000. Y las perdimos por las drogas. Entran por la frontera sur, mayormente. Muchas entran por Canadá también, por cierto. Pero entran por la frontera sur. Y se va a tener que hacer algo con México.

Fox News: ¿Por qué decidió hacer esto esta mañana?

Presidente Trump: ¿Se refiere a llamarlos a ustedes o al ataque? No estoy seguro de cuál es peor. Si quiere saber la verdad, los estoy llamando porque Charlie Hurt ha sido un gran amigo mío durante mucho tiempo. Él estuvo conmigo cuando no estaba de moda. Y esa es la gente que me gusta. Así que esa es la razón por la que estoy haciendo esto. Su programa es genial.

Fox News: Pero, ¿por qué tomó la decisión de eliminar a Maduro esta mañana? ¿Y qué estaba haciendo Maduro cuando nuestros chicos entraron?

Presidente Trump: Bueno, íbamos a hacer esto hace cuatro días, pero el clima no era perfecto. El clima tiene que ser perfecto y tuvimos el clima perfecto. Esperamos cuatro días, tres días, dos días, y luego de repente se abrió y dijimos “adelante”. Y les diré, fue simplemente asombroso.

¿Qué estaba haciendo? Él estaba en una fortaleza. En realidad, estaba en una fortaleza. Que no tuviéramos a nadie muerto fue asombroso. Un par de chicos fueron alcanzados, pero regresaron y se supone que están en bastante buena forma. No perdimos ninguna aeronave, lo trajimos todo de vuelta. Un helicóptero fue golpeado bastante fuerte, pero lo trajimos de vuelta.

Era el momento adecuado. Teníamos que hacerlo porque es una guerra. Estamos perdiendo 300,000 personas al año. No perdemos tanto en una guerra. Él estaba en una casa que tenía puertas de acero, tenía lo que llaman un espacio de seguridad de acero sólido. Él no logró cerrar ese espacio. Estaba tratando de entrar, pero fue embestido tan rápido que no entró. Estábamos preparados con sopletes masivos y todo lo necesario para atravesar ese acero, pero no lo necesitamos.

Fox News: Sr. Presidente, avanzando hacia el futuro de Venezuela, ¿qué cree que sigue para el pueblo venezolano ahora que ha removido a Maduro?

Presidente Trump: Bueno, estamos tomando esa decisión ahora. No podemos arriesgarnos y dejar que alguien más tome el relevo donde él lo dejó. Estaremos muy involucrados. Queremos libertad para la gente. Creo que la gente de Venezuela está muy feliz porque aman a los Estados Unidos. Eran dirigidos por una dictadura o algo peor. Fue una cosa terrible.

Miren, tremendas cantidades de personas estaban siendo asesinadas por las drogas y lo que hicieron a nuestro país enviando prisioneros, gente de instituciones mentales y capos de la droga. Los enviaron por cientos de miles a nuestro país y eso es imperdonable. Por eso, él quería negociar al final y yo no quise. Dije “no, tenemos que hacerlo”. Él estaba tratando duro de hacer un trato. Pero dije: “No, no podemos hacerlo”. Lo que hizo enviando cientos de miles del Tren de Aragua, vaciando sus cárceles y sus instituciones mentales en nuestro país… eso es imperdonable.

Fox News: Sr. Presidente, un demócrata, Jim McGovern, dice que usted no obtuvo autorización del Congreso y que lanzó un “ataque ilegal injustificado”. ¿Cuál es su reacción?

Presidente Trump: Bueno, miren, son gente débil y estúpida y están tratando de salvarse a sí mismos de casi destruir nuestro país. Si yo no hubiera sido elegido, ni siquiera creo que tendríamos un país ahora mismo. Íbamos por el camino de la destrucción con inflación y precios altos. Ellos causaron los precios altos. Nosotros estamos bajando los precios. Tenemos petróleo ahora a $1.99 el galón.

Si Kamala hubiera sido elegida, se reirían de nosotros en todo el mundo. El dinero y la riqueza se iban. Ahora tenemos 18 billones de dólares regresando a nuestro país. El número más grande en la historia. Estamos construyendo fábricas.

En cuanto a lo de anoche, fue genialidad. Y los demócratas, tal vez critiquen. Todo lo que hacen es quejarse. Deberían decir: “Gran trabajo, estamos deteniendo las drogas”. Hicieron un trabajo increíble, estos hombres y mujeres, con el coraje de entrar a un área oscura con ametralladoras apuntándoles. Y luego escuchas a algún congresista diciendo “esto es terrible”. Estamos salvando vidas. Cada barco que golpeamos salva 25,000 vidas.

Fox News: Usted ha tomado medidas contra los envíos ilegales de petróleo de Venezuela. ¿Cuál ve como el futuro de la industria petrolera de Venezuela?

Presidente Trump: Bueno, veo que vamos a estar muy fuertemente involucrados en ella. Tenemos las mejores compañías petroleras del mundo y vamos a estar muy involucrados. Estábamos preparados para una segunda ola, con una armada como nadie ha visto antes, pero esto fue tan letal y poderoso que no tuvimos que hacerlo.

Fox News: El vicepresidente Vance dijo que usted ofreció varias vías de salida a Maduro que él no tomó. ¿Cómo eran esas vías?

Presidente Trump: Básicamente le dije: “Tienes que rendirte. Tienes que entregarte”. Él estuvo cerca, pero al final teníamos que hacer algo mucho más quirúrgico y poderoso. Tuve discusiones, hablé con él yo mismo hace una semana, pero no estaba dispuesto.

Fox News: ¿Qué le dice a la gente preocupada de que estas acciones resulten en una participación prolongada del ejército de EE. UU. en Venezuela?

Presidente Trump: Digo que estamos salvando vidas. El narcotráfico se ha salido de control. El 97% de las drogas que entran por mar han bajado. No queda casi nada. Y lo detendremos en tierra. Teníamos que hacer esto para detenerlo en tierra. Esto envía una señal: no vamos a ser mandoneados nunca más por países donde queremos ser políticamente correctos mientras matan a nuestra gente. Perdemos 300,000 personas al año por las drogas y no vamos a permitirlo más.

Fox News: ¿Cómo se ve el futuro para los leales a Maduro que todavía están en Caracas?

Presidente Trump: Si se mantienen leales, el futuro es realmente malo para ellos. Si se convierten… yo diría que la mayoría se han convertido. Él ha tenido muy poca lealtad. Noté hoy que la gente está marchando en la calle ondeando banderas americanas. Él era un dictador que la gente odiaba. La gente no puede creer que tuvieron tanta suerte.

Fox News: ¿Dará su apoyo a la líder de la oposición María Corina Machado para dirigir el país?

Presidente Trump: Bueno, vamos a tener que verlo. Ahora mismo tienen una vicepresidenta. La elección de Maduro fue una desgracia, una elección amañada, igual que lo fue nuestra elección de 2020. Él era un dictador duro y la gente no le tiene amor.

Fox News: ¿Qué opina de que horas antes del ataque hubo una delegación china reuniéndose con Maduro?

Presidente Trump: No sé nada sobre eso, pero tengo una muy buena relación con el Presidente Xi y no va a haber problema. Van a obtener petróleo, pero no podemos arriesgarnos a dejar que alguien más tome el control. Podemos hacerlo de nuevo si es necesario. Nadie tiene la capacidad que tenemos nosotros. Cuando veo esa guerra en Rusia, es primitiva y horrible.

Fox News: ¿Podría decirnos si fueron los Delta Force o los Navy SEALs?

Presidente Trump: Son los soldados más altamente entrenados del mundo. Nadie tiene su talento ni nuestro equipamiento. Todo fue milimétrico. Practicaron en una casa que construyeron idéntica a la real. No quiero decir quiénes fueron, pero voy a tener una conferencia de prensa en un rato. Solo diré que estoy muy orgulloso de ser estadounidense.

Fox News: ¿Escucharemos del Secretario de Guerra Pete Hegseth sobre la planificación?

Presidente Trump: Sí, y del General y otras personas. Les contarán cosas que podemos contar. No vamos a decir todo. Tenemos que asegurarnos de que Venezuela no se vuelva mala de nuevo. Hace 20 años era un gran país y ahora es horrible. Recuerden que yo solía decir que si la otra parte ganaba en nuestro país, seríamos “Venezuela con esteroides”. Hubiéramos sido una nación fallida.

Fox News: Rápidamente, ¿dónde están Maduro y su esposa ahora mismo?

Presidente Trump: Bueno, se dirigen a Nueva York. Fueron acusados en Nueva York. Están en un barco, en el Iwo Jima, pero se dirigen a Nueva York. Los helicópteros los sacaron en un bonito vuelo, estoy seguro de que les encantó. Pero han matado a mucha gente, incluso en su propio país, para mantener el poder.

Fox News: Presidente Trump, estamos increíblemente agradecidos por su tiempo esta mañana. Esperamos su conferencia de prensa.

Presidente Trump: Bueno, recuerden una cosa. Nuestro país ahora está más fuerte (“hotter”) que nunca. Teníamos un país muerto hace un año y medio con Biden y ese grupo. Y si hubiéramos tenido a ese grupo extendido a través de Kamala, este país habría estado muerto. Ella era “las fronteras”. Bueno, ahora miren la frontera. Ya no entra nadie. Ella habría sido peor como presidenta que como “fronteras”. Gracias a todos.

Author: webmaster
Periodista y editor independiente, fundador de mi Manizales del Alma! (2000), portal que mezcla noticias institucionales, memoria local y narrativas experimentales. Su trabajo cruza la claridad informativa con la sátira y la crónica, siempre con Manizales y Caldas como escenario.

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