La estrategia de mapeo participativo ya recorrió Villamaría y se alista para llegar a Chinchiná, activando el conocimiento local como primera línea de defensa ante emergencias.



Con la guía de la UNGRD y la Jefatura de Gestión del Riesgo de Caldas, Villamaría fue escenario de un taller de mapeo comunitario que convocó a diversos sectores para identificar amenazas y fortalecer la resiliencia territorial.
Comunidades que dibujan su propia seguridad
En una jornada que puso a dialogar mapas, memoria y comunidad, Villamaría vivió este 14 de mayo un encuentro que dista mucho del clásico “taller institucional”. Se trató del Taller de Mapeo Participativo liderado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), en alianza con la Jefatura de Gestión del Riesgo de Caldas, con el objetivo de capacitar a la ciudadanía en la identificación de amenazas y la planeación de acciones preventivas ante desastres.
La actividad, lejos de ser un ejercicio técnico y cerrado, reunió en un solo espacio a representantes del Consejo Municipal de Gestión del Riesgo, comunidades étnicas, personas con discapacidad, adultos mayores, población LGBTIQ+, organizaciones sociales, ONG, instituciones educativas y veedurías ciudadanas. Una mezcla heterogénea y deliberadamente inclusiva que, precisamente, es el corazón de este modelo de formación: el riesgo no discrimina, la prevención tampoco debería hacerlo.
“Estas actividades se vienen desarrollando desde el año anterior, en conjunto con entidades como el SENA y el grupo PONALSAR, y han permitido conformar equipos comunitarios en diferentes municipios del departamento”, explicó Paula Marcela Villamil Rendón, jefa de Gestión del Riesgo de Caldas.
¿Y en qué consiste mapear comunitariamente?
Durante la jornada, los participantes trabajaron sobre mapas comunitarios, una herramienta de construcción colectiva que ayuda a plasmar de forma gráfica las amenazas identificadas, las vulnerabilidades del entorno, las zonas seguras, los recursos locales disponibles y, sobre todo, la forma en que cada comunidad percibe y vive el riesgo.
Este enfoque permite que la población, desde sus saberes y experiencias, pueda representar su realidad territorial y generar propuestas concretas de acción.
“Identificamos escenarios de riesgo, zonas afectadas, rutas de evacuación y recursos comunitarios. Esperamos involucrar más instituciones y asociaciones a la Gestión del Riesgo”, indicó July Tuirán Álvarez, profesional social de la UNGRD.
Más allá de la cartografía: pedagogía, inclusión y corresponsabilidad
Aunque hablar de “mapas” podría sonar a papel, marcador y georreferenciación, el ejercicio va mucho más allá: busca fomentar un pensamiento crítico sobre los entornos cotidianos, activar la memoria colectiva, vincular el conocimiento ancestral y empoderar a los participantes como agentes activos de su propia seguridad.
Para Villamil Rendón, el valor más importante de estas jornadas es la apropiación del conocimiento:
“Este tipo de talleres permiten a la comunidad reconocer de manera directa cómo perciben los riesgos en sus entornos, al tiempo que se les brinda herramientas para reaccionar de forma adecuada ante posibles emergencias”.
En otras palabras: cuando la comunidad identifica el riesgo con sus propios ojos, lo asume como una responsabilidad compartida y no como una imposición externa.
De Villamaría a Chinchiná (y más allá)
La jornada de Villamaría es solo un eslabón de una cadena mayor. Este proceso itinerante tiene previsto llegar próximamente al municipio de Chinchiná, y seguirá su recorrido por otras localidades de Caldas, en un intento por sembrar capacidades y redes desde lo local.
Cada nueva sesión no solo replica el modelo, sino que lo adapta según el contexto territorial, respetando las dinámicas sociales, ambientales y culturales de cada zona.
Con esto, la Gobernación de Caldas reafirma su apuesta por una gestión del riesgo participativa, incluyente y basada en el conocimiento local, un principio que está alineado con los enfoques internacionales de prevención y resiliencia comunitaria.
¿Qué se logra con estos talleres?
El impacto de este tipo de talleres se traduce en múltiples beneficios:
- Diagnóstico participativo del territorio
- Mejor preparación ante emergencias
- Fortalecimiento de redes comunitarias
- Identificación de recursos y capacidades locales
- Educación para la prevención y la acción colectiva
Además, al involucrar activamente a sectores como comunidades étnicas y personas con discapacidad, se garantiza un enfoque diferencial que reconoce la diversidad como un activo en la planificación del riesgo.
Detalles de fondo: ¿Por qué importa tanto este tipo de enfoque?
Colombia, país geográficamente complejo y socialmente diverso, enfrenta múltiples amenazas: sismos, deslizamientos, incendios forestales, inundaciones. En este contexto, la gestión del riesgo no puede reducirse a simulacros anuales o planes de evacuación colgados en las paredes de las escuelas.
La participación activa de las comunidades es clave para reducir la vulnerabilidad y garantizar respuestas eficaces. El conocimiento territorial, que muchas veces no está registrado en los sistemas institucionales, representa una herramienta fundamental para anticipar situaciones de emergencia.
Este modelo de mapas vivenciales, donde las comunidades dibujan sus preocupaciones y estrategias, forma parte de las metodologías que la UNGRD y las entidades regionales están implementando desde hace varios años como alternativa a los enfoques centralizados y tecnocráticos.
La cartografía del cuidado colectivo
Lo que comenzó como un taller de “mapeo participativo” terminó convirtiéndose en una lección de democracia territorial, donde cada trazo, cada señalización y cada comentario dibujado sobre el papel se transformó en una alerta, un plan o una ruta de acción.
La ruta continúa, con Chinchiná como próxima parada, y con la certeza de que cada comunidad que se conoce a sí misma es una comunidad que puede cuidarse mejor.
Curiosidades que no sabías sobre el mapeo comunitario
- El mapeo participativo tiene antecedentes en experiencias indígenas y campesinas de América Latina desde los años 80.
- Existen mapas parlantes, donde los relatos orales complementan lo gráfico.
- Algunas comunidades utilizan colores específicos y materiales reciclables para simbolizar riesgos y recursos.
- En zonas con bajo acceso a escritura, se emplean símbolos visuales, dibujos y dramatizaciones.
- El proceso fomenta el sentido de pertenencia y puede ser utilizado como herramienta pedagógica en las escuelas.
¿Y tú, ya conoces los riesgos de tu barrio?
¿Alguna vez te has preguntado por las amenazas invisibles que hay en tu entorno? ¿Sabes dónde están las rutas de evacuación o cuáles son las zonas más vulnerables de tu comunidad?
🧭 Comparte en los comentarios si has participado en un taller de este tipo o si te gustaría que llegara a tu municipio.
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💬 ¿Qué herramientas crees que deberían implementarse para fortalecer la gestión comunitaria del riesgo?
Taller de Mapeo Comunitario fortalece capacidades locales para enfrentar el riesgo en todos los municipios de Caldas
- La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) lideró en Villamaría, una jornada de taller comunitario de Mapeo Participativo.
- Este encuentro contó con el apoyo articulado de la Jefatura de Gestión del Riesgo de Caldas y diversos sectores sociales y poblacionales del municipio.
- Este proceso continuará en otros municipios, incluyendo una próxima jornada programada en el municipio de Chinchiná, reafirmando así el compromiso de la Gobernación de Caldas con una gestión del riesgo participativa, incluyente y basada en el conocimiento local.



