25 de junio día mundial antitaurino

Muy buena tarde mi estimado y nunca bien ponderado editor.

Tratando de terminar en orden pensamientos, ideas y tendencias, he descubierto que soy antitaurino. Es así como desde la apertura de mi perfil en esa red social tan extendida por este tiempo la siguiente leyenda: «La tauromaquia es el banal arte de torturar y matar animales en publico. Traumatiza a los niños y los adultos sensibles. Agrava el estado de los neurópatas atraídos por estos espectáculos. Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. En ello, constituye un desafío mayor a la moral, la educación, la ciencia y la cultura. La cultura es todo aquello que contribuye a volver al ser humano más sensible, más inteligente y más civilizado. La crueldad que humilla y destruye por el dolor jamás se podrá considerar cultura. Precisamente por ello, los toreros y sus cuadrillas suelen provenir de las capas más desfavorecidas de la población donde la incultura es mayoritaria.» Esto me ha valido el desencuentro con varios amigos, hoy muy temprano en la mañana encontré un mensaje de uno de ellos con un vídeo anexo donde se mostraba como sacrificaban animales con muy poca humanidad y un alto grado de violencia, un vídeo que los veganos vienen distribuyendo y del cual los taurinos en su argumento ridículo de la fiesta brava vienen usando como argumento a mi parecer muy sesgado de dos actividades muy diferentes, una lúdica_recreativa (torturar, asesinar y disfrutar el baño de sangre) la otra con fines de alimentación donde se usa la violencia extrema, se asesina y al parecer también se disfruta el baño de sangre y la violencia. 

Presto a responder por mis tendencias políticas, sin que por esto esté de acuerdo con una Alcaldía como la de Petro, y le anoté: «Hola doctor, la verdad no sería capaz de ver ni  un segundo del violento vídeo que me envías, el 25 fue el día de los antitaurinos, y lo que no entiendo es que tiene que ver un vídeo de origen vegano con el asunto de torturar y matar un hermoso ejemplar que ha vivido como rey aunque tenga la posibilidad de volver bastante maltrecho a perpetuar su manipulada especie de lidia. Porque si en algo estamos de acuerdo es que no son toros ni para leche, ni para carne, son una especie manipulada para perpetuar eso que llaman «arte».  Yo insisto en mi punto, un humanista, un eminente médico como tu, un scout, un servidor, un hombre de paz y no violencia, un ciudadano de a pie en un país tan convulsionado como casi todos… es decir una persona que se crea «HUMANO», en este estadio de mucho progreso técnico, superciencia, en plena Postmodernidad (a la que llegamos sin siquiera entender que era la modernidad), tiempos en que estamos sin solucionar esos enlaces macabros con el medioevo, con la violencia y la guerra, creímos que con expedir la carta de los derechos humanos, ya, consustanciarse era inmediato, que era como poner bolsas de líquidos, o aplicar sendos remedios con hipodérmica. Si bien la humanidad es un camino de ascensión, pocos, por no decir nadie lo entienden como tal. Vaya con ese manto a misa, decía mi padre, claro eran tiempos en que la iglesia actuaba como poder por medio del concordato; ahora en tiempos en que el socialismo, el comunismo, las guerrillas, los bandidos nos gobiernan, para mi es casi una complicidad de las clases educadas mantener tradiciones portentosas que sólo sirven para lesionar el carácter de los individuos, a los espectadores de sombra, de barrera y contrabarrera porque los convierte en seres insensibles y entendedores de la lidia de la vida; al pueblo, porque se sacia su sed de violencia, de sangre, es un banquete, un festín, beben la sangre, comen sus gónadas, transportan en planchones los sangrientos despojos.  

Ahora frente al asunto de adecuado beneficio de los animales, la ley es muy concreta con ello, y deben existir las centrales de sacrificio, los frigoríficos, los protocolos son bien diferentes, estas prácticas de MATADEROS al mejor estilo del circo de toros, está prohibida en Colombia. salu2 hermano! y me extraña la lógica que te mueve en tu argumento taurino en contra de lo antitaurino.

DIOS te bendiga hombre!»

En este punto se empezó a generar una discusión bizantina porque la verdad taurina no es ninguna frente a las verdades antitaurinas; considero que en el estado de desarrollo en el que nos encontramos es un «arte» innecesario. En este artículo que recuperé hace algún tiempo en la nebulosa de la red de Francisco Manuel Nácher intitulado:

LA CORRIDA DE TOROS Y SU SIGNIFICADO OCULTO 

NOTA PREVIA IMPORTANTE: El que la simbología sea perfecta y el que las corridas de toros, en su origen, en tiempos remotos, y con distintas exigencias morales, fueran una representación religiosa, no cambia el hecho de que, para la sensibilidad alcanzada por la Humanidad en nuestros días, se trate de algo innecesariamente cruel y opuesto a los más elementales principios del amor y el altruismo y, por tanto, reprobable desde el punto de vista de la ciencia oculta. Pero resulta ilustrativo meditar sobre sus contenidos ocultos.  

El mito de la expedición de los Argonautas en busca del Vellocino de Oro -representación simbólica del cuerpo-alma -expresa, sin decirlo, que el acontecimiento relatado tenía lugar cuando se estaba realizando el paso, por precesión de los equinoccios, de la era de Tauro a la era de Aries, y ello supuso que las religiones que habían representado a Dios por un toro (Buey Apis, toros de Asiria y Babilonia, pueblo judío antes de salir de Egipto, civilización de Creta, nuestros Toros de Guisando, etc.) pretendiendo poner el acento en la virtud de la fortaleza divina, estaban pasando a destacar la mansedumbre, la bondad y la humildad del cordero, cambio que tuvo lugar entre el tercero y el segundo milenio antes de Cristo.  

Pues bien, nuestras actuales corridas de toros tienen su origen en aquella lejana época en que el toro pasó a ser, de representante de la deidad, a representante de las pasiones, los vicios y lo negativo que el aspirante a la vida superior en la nueva época había de vencer a toda costa. Baste recordar al efecto la reacción de Moisés cuando, al bajar del Monte Sinaí con el Decálogo, descubrió que su pueblo había vuelto a adorar al becerro de oro, es decir, había regresado a la religión de la era de Tauro. Seguramente, en las Escuelas de Misterios de entonces, existieron las corridas de toros.  

Vamos, pues, a extendernos sobre este asunto, muy interesante, sobre todo para los españoles, contando con que la “fiesta” ha sufrido muchos cambios y regulaciones pero que, curiosamente, no han hecho, sino destacar sus simbolismos.  

En realidad, una corrida de toros no es sino la escenificación simbólica de lo que supone la subida del Monte de la Evolución por el atajo de la Iniciación, sendero que escogen unos pocos, a diferencia del camino ordinario, elegido por la mayor parte de la Humanidad. Como Cristo dijo, “el camino es angosto y empinado” y “muchos son los llamados y pocos los escogidos”.  

La simbología, como se comprobará, es perfecta:  

La arena, el ruedo, es la vida. El público son nuestros semejantes, el mundo, en el que hay de todo: Gente avanzada y gente atrasada, gente buena y gente no tan buena, gente que comprende y gente que exige, gente que se emociona y gente que razona, gente ardiente y gente fría… Y todos ellos presencian la corrida y hablan y gritan y opinan y actúan e intervienen, a su manera, en el desarrollo del espectáculo.  

La carrera del aspirante comienza como arenero: Nivelando la arena, la materia, es decir, limando las mayores asperezas de su carácter, eliminando los mayores defectos, los más ostensibles, los que, de persistir, harían imposible la lidia y, por tanto, el triunfo.  

Cuando se ha dominado ese arte de eliminar los defectos más importantes, cuando ya se carece de ellos, se pasa a mono sabio. Entonces ya se está cerca del toro. Cierto que la actuación es mínima, pero el ánimo se va templando al ver al enemigo cara a cara y a su mismo nivel, aunque sea con la protección del picador y del caballo.  

Adquirida la destreza suficiente, se pasa a enfrentarse directamente con las pasiones. Pero, débil aún, el aspirante les hace frente desde lejos, hostigándolas mediante una larga pica y subido en un caballo – símbolo del Yo Superior -para ir debilitándolas poco a poco. Se aprende entonces a resistir con brazo firme las embestidas de la fiera y hasta a aprovecharlas para debilitarla haciéndole perder fuerza. Y se nota que el cuerpo-alma o vehículo espiritual del neófito se está desarrollando, puesto que ya viste un traje de luces; aún modesto, sólo de plata, pero que ya brilla por sí mismo. A medida que progrese en el Sendero, su traje se irá enriqueciendo con nuevos destellos.  

Dominado ese estado, se puede uno ya enfrentar a la bestia pie a tierra. Aún no de modo definitivo ni sólo en el ruedo, pero puede hostigar a sus pasiones, mirándolas de tú a tú, a su mismo nivel y sin intermediarios. Por eso el banderillero ya no espera la acometida de las pasiones. Ahora se atreve ya a salirles al paso y atacarlas y debilitarlas más aún. Y su traje es más rico y más luminoso que antes.  

Cuando se ha logrado dominar el arte anterior, se puede uno ya enfrentar al toro sin más arma que el capote. Antiguamente el capote era color púrpura, es decir, la suma o la mezcla del azul, el color del Padre y el rojo, el color del Espíritu Santo, porque en aquella época el Hijo aún no había hecho su aparición en la Tierra. Aún la muleta conserva ese color. El capote, sin embargo, ha adoptado ya, en una de sus caras el color amarillo, el del Hijo. Con la ayuda, pues, de la Santísima Trinidad, es decir, de su triple espíritu, su voluntad, su sabiduría y su actividad inteligente, el neófito se enfrenta a sus pasiones y aprende a detener sus envites y a desviarlas sin que le afecten.  

En un estadio posterior, muleta en mano, aprenderá a dominarlas, a burlarlas, a amaestrarlas, es decir, a «parar, templar y mandar».  

Y, cuando ya domina ese grado, armado con el estoque de la voluntad, en el momento oportuno, las matará, – como San Jorge mataba el dragón -es decir, las destruirá, las eliminará del propio carácter para siempre. Y el lidiador, el aspirante, mediante la “alternativa” de un Maestro, es decir, de un ya iniciado, se convertirá también en un iniciado, en un «Maestro». Y, curiosamente, aún se les llama así, «maestros», como a los hierofantes de los Misterios. Por eso el traje del «matador» de sus pasiones, es de oro, o sea, que se ha desarrollado completamente y, como el de todos los Maestros, es luminoso y brillante. Es el «vellocino de oro» de los griegos, el «cuerpo del alma» de que habla San Pablo, el «dorado vestido de bodas», imprescindible para asistir al banquete nupcial, de que nos habla la parábola de Cristo.  

Según el nivel alcanzado por el lidiador en su evolución personal, serán las adquisiciones que su trabajo le proporcione. Y así, terminada con éxito la lidia, para un primer grado la consecución será el dar la vuelta al ruedo, es decir, tendrá que volver al mundo y vivir en él y mezclarse con los demás hombres. Y éstos le obsequiarán con los objetos que más estiman y se los ofrecerán, es decir, lo tentarán. Pero él, agradeciéndolos, los devolverá, es decir, no caerá en las tentaciones que, de buena o de mala fe le tiendan sus semejantes. O le increparán e insultarán y despreciarán, y él deberá saber dominar las emociones que ello le pueda producir.  

En un nivel superior de evolución, obtendrá y se le otorgará una oreja del morlaco. Lo cual significa que el iniciado habrá adquirido la clariaudiencia, es decir, la posibilidad de escuchar los sonidos de otros planos de existencia; las voces de los ángeles, denominadas esotéricamente como «el lenguaje de los pájaros»; la Sinfonía de las Estrellas, el concierto que las notas clave de todos los astros interpretan en la caja de resonancia del Cosmos y que, esotéricamente se denomina «la Lira de Apolo»; la “Voz del Silencio”, es decir, la del Cristo Interno, que susurra permanentemente llamándonos por el buen camino.  

En un grado más arriba de progreso, recibirá las dos orejas, o sea, que habrá desarrollado, además, la clarividencia, la posibilidad de contemplar los demás planos de existencia; y será capaz de ver a los difuntos en sus vidas post mortem y a los ángeles y a los Luciferes y a todos los habitantes de los mundos superiores e inferiores al mundo físico que todos percibimos.  

En un escalón superior evolutivo, la recompensa consistirá en el rabo, lo cual significa que habrá adquirido la facultad de espantar con toda facilidad cualquier intento de cualquier habitante de otro plano que desee influenciarle, de cualquier modo que sea, y que será inmune a los pensamientos y deseos y maquinaciones ajenas que en otras circunstancias podrían afectarle negativamente.  

Y, en un último grado de desarrollo, el premio será una pata. Lo cual simboliza la capacidad de poder trasladarse a voluntad por los distintos mundos.  

Concluida la faena, si ésta fue lo suficientemente buena, obtendrá la Liberación, representada por la salida a hombros por la Puerta Grande, lo cual significa que se ha elevado sobre el nivel medio de la Humanidad pero gracias a ella, y por eso se apoya en los hombros de otros hermanos y les será deudor.-, y que se ha adelantado a sus semejantes en la evolución y por ello, ya que ha sido capaz de vencer a la muerte, es decir, de adquirir la conciencia permanente, o sea, la memoria ininterrumpida entre sueño y vigilia y entre vida y muerte, ha traspasado el Portal que conduce a la inmortalidad. 

Hasta aquí ese artículo, ahora quiero entrar a la parte de la ciencia, quiero al mejor estilo de un CSI hacerle la autopsia a un toro después de la lidia hecha por el Médico Veterinario José Enrique Zaldívar Laguía. 

Gracias señora presidenta, señores diputados, organizaciones y público asistente.

El título de mi comparecencia es:

El sufrimiento del toro en la lidia: Lesiones anatómicas, alteraciones metabólicas y neuroendocrinas (Reducido).

Los argumentos taurinos para defender la fiesta se vieron incrementados en el año 2007 gracias a la aparición de una hipótesis en la que se cuestionaba el sufrimiento del toro durante la lidia. El estudio fue realizado por veterinarios de la facultad de veterinaria de Madrid, y tuvo y tiene amplio eco entre los defensores de la tauromaquia.

Lo que les voy a plantear hoy, en ésta mi comparecencia, son una serie de datos objetivos que aparecen en numerosos trabajos, muchos de ellos llevados a cabo por veterinarios de plazas de toros y publicados en libros y revistas científicas. 

Una vez escuchada mi exposición, deberán ser ustedes los que decidan si el toro bravo es un animal adaptado para la lidia, que ha nacido para morir en un ruedo, y lo que es más importante, si dicho espectáculo supone maltrato, dolor y sufrimiento para el animal, y que por tanto sería susceptible de ser prohibido en la Comunidad Autónoma de la que ustedes son diputados, a través de la modificación del artículo 6º de su Ley de Protección Animal. 

La lidia consta de una serie de tercios en los que el toro es picado, banderilleado, y herido de muerte con el estoque, siendo posteriormente descabellado y apuntillado. 

La puya es un arma metálica cortante y punzante que consta de 6 cm de cuerda encolada y 2.5 cm de púa piramidal tan afilada en cada una de sus aristas como la hoja de un bisturí. Va provista de un tope cilíndrico que debería impedir que entrara en el cuerpo del animal más de esos 8.5 cm. 

Son muchos los estudios anatomopatológicos que se han desarrollado sobre cadáveres de toros lidiados para determinar las lesiones que provocan. 

Los cánones taurinos marcan como lugar «ideal» para la realización de esta suerte, la zona anatómica conocida como morrillo, que se sitúa en el cuello entre la 4ª y 6ª vértebra cervical, lugar donde asienta una gran masa muscular responsable junto a determinados ligamentos de los movimientos de extensión de la cabeza. Como podrán ver y saber a continuación esto casi nunca es así. 

En todos, absolutamente todos los estudios consultados al respecto, se reconoce que los puyazos suponen, entre otras cosas, un gran daño neurológico para el toro. En más del 70% de los toros estudiados, se ha determinado que las puyas son clavadas en zonas muy posteriores a la indicada como «ideal». Las lesiones descritas afectan a más de 20 músculos, sin contar los intercostales y costales. Todas estas estructuras son necesarias para la movilidad del tercio anterior de animal, los movimientos del cuello, y de la cabeza, y para la función respiratoria. Pero no son sólo los músculos, tendones y ligamentos los que son seccionados, sino también importantes venas, arterias, y nervios 

Los resultados indican que la profundidad media de los puyazos es de 20 cm, habiéndose encontrado trayectorias de hasta 30 cm. Se sabe que una sola vara puede abrir hasta 7,4 trayectorias diferentes. 

Se reconoce que las puyas provocan fracturas de apófisis espinosas y transversas de vértebras, fracturas de costillas, y de sus cartílagos de prolongación, y que pueden perforar la pleura y el pulmón, dando lugar a neumotorax. Del mismo modo son inevitables las lesiones de la médula espinal, las hemorragias en el canal medular, y la lesión de nervios tan importantes como el plexo braquial (que se ocupa de la inervación de las extremidades anteriores), y de las ramas dorsales de los nervios espinales que se encuentran paralelos a la médula. 

Las pérdidas de sangre que sufre un toro en la suerte de varas son algo contradictorias, oscilando entre el 8 y el 18% de su volumen sanguíneo. Un toro de 550 kilos perdería entre 3 y 7 litros de sangre tras los puyazos. 

Las banderillas, que se clavan en número de seis, llevan en su extremo un arpón de acero cortante y punzante, que en su parte visible será de una longitud de 4-6 cm. Desgarran muchas de las estructuras anatómicas lesionadas con anterioridad por las puyas, y producen lesiones en unos 10 cm alrededor de donde han sido insertadas, aumentando la pérdida de sangre en el animal. 

El estoque, una espada curvada de 80 cm de largo, debería lesionar o seccionar los grandes vasos que asientan en la cavidad torácica, es decir, la vena cava caudal y la arteria aorta posterior. 

Lo que sucede con más frecuencia es que el estoque lesiona cordones nerviosos laterales a la médula, lo que provoca la desconexión de todo el aparato motor de la caja torácica, lo que añadido a la gran lesión del pulmón derecho, da lugar a una dramática dificultad respiratoria. La sangre pasa del pulmón a los bronquios, de allí llega a la traquea, y sale al exterior por la boca y la nariz. 

En otras ocasiones se atraviesa el diafragma, lo que va a producir una parálisis por lesión del nervio frénico; la lesión del nervio frénico puede determinar compromiso de la función diafragmática con insuficiencia respiratoria. 

Se dan casos en que las estocadas son tan traseras que pueden llegar a penetrar en el hígado y la panza. En otras ocasiones veremos unos pequeños hilos de sangre en la boca y en la nariz. Esto sucede cuando el estoque ha tocado la parte más externa de los pulmones y el toro se traga su propia sangre. 

En 57 corridas estudiadas (342 reses) tan sólo el 20% de las estocadas lesionaron la vena cava caudal. 

En el año 2003 se publicó un estudio en el que tras el análisis de 434 toros se certifica la presencia de émbolos en el tejido pulmonar y hepático en un alto número de animales, que se atribuyen a la irrupción de la espada en la región intratorácica, órganos intraabdominales, así como en las estructuras vasculares. 

La lidia concluye con el descabello y la puntilla. 

El descabello se realiza con una espada similar al estoque, pero que lleva un tope de 10 cm. Su misión es lesionar y seccionar la médula espinal entre la 1ª y 2ª vértebra cervical. 

La puntilla se le da al toro con un cuchillo de 10 cm de hoja, que una vez introducido en el espacio occipito-atlantoideo secciona el bulbo raquídeo, provocando la parálisis general del animal con disminución de la presión arterial. Los movimientos respiratorios se van paralizando y la sangre circulante, cargada de CO2, produce hipoxia en el encéfalo. Se dice que provoca la muerte instantánea del toro, pero no es cierto, ya que va a dar lugar a la la muerte por asfixia. Algunos animales presentan durante algún tiempo después reflejos que son compatibles con la vida. La puntilla está prohibida en todos los mataderos de la UE por considerarse un método cruel de dar muerte a un animal. 

Pero no son sólo éstos los datos que les puedo aportar para demostrar que la lidia es un acto cruel de maltrato animal, con una profunda repercusión en las constantes vitales del toro, lo que demuestra el sufrimiento físico y psíquico a que es sometido. 

En estudios realizados para determinar las alteraciones metabólicas que sufren estos animales queda patente su incapacidad para adaptarse a la misma. 

32 parámetros sanguíneos han sido estudiados en cientos de toros lidiados y dados muerte en la plaza. Todos estos valores sufrieron importantes modificaciones en un espacio de tiempo relativamente corto, el que dura la lidia, y todas las alteraciones, tanto a la alta como a la baja, pueden ser consideradas como patológicas. Estos animales presentan graves alteraciones hepáticas, renales, del equilibrio ácido básico, del recuento de células sanguíneas, y de sus valores hormonales. En el dossier que se les ha entregado tienen una amplia información al respecto. 

Estas analíticas revelan un grave estado de hemoconcentración y deshidratación por la pérdida de fluidos que experimenta el animal. 

La presencia de un pH ácido en la sangre en el 93,5% de los toros analizados, demuestra un estado de acidosis metabólica que podemos considerar como grave. Un pH sanguíneo bajo significa que la sangre contiene demasiado ácido, lo que es perjudicial para las células del organismo. El origen de este estado patológico hay que buscarlo en el sobreesfuerzo que supone la lidia, para la que el toro no está preparado. 

También ha sido merecedora de estudio la función respiratoria del toro durante la lidia, mediante la medición de gases sanguíneos (gasometría). De estos trabajos podemos deducir un gran sufrimiento. 

Las mediciones incluyen la presión parcial de oxígeno (PO2), la presión parcial de dióxido de carbono (PCO2), el pH, el bicarbonato (HCO3-), el dióxido de carbono total (TCO2), el exceso de bases (EB), y la saturación de oxígeno (sO2). 

Los valores obtenidos después de la lidia demuestran la incapacidad de los pulmones para eliminar el CO2 que se está produciendo, disminuyendo la presión parcial de oxígeno (PCO2) y aumentando la presión parcial de dióxido de carbono (PO2). Una muestra más de la incapacidad del toro para adaptarse al castigo a que es sometido. 

Según el taxidermista de la plaza de toros de Las Ventas, el 60% de las cabezas de toros sobre las que ha trabajado, presentan fisuras o fracturas de cráneo. Un conocido crítico taurino, se refirió a esta circunstancia como el «crimen del estribo del picador» 

Un estudio realizado sobre más de 6000 toros revela un gran número de lesiones oculares que sufren estos animales durante la lidia, en el desembarco del camión, o durante la espera previa a su salida a la plaza. En un 23% de ellos, se encontraron úlceras de córnea, desprendimientos de retina, luxaciones y subluxaciones de cristalino, fractura del borde orbitario en el arco superciliar, y hemorragias intraoculares. 

Incidiendo en el estudio al que he hecho referencia al comienzo de mi exposición, y en el que nada se dice de todas las alteraciones orgánicas y anatómicas que he descrito, les haré una serie de puntualizaciones con respecto a las afirmaciones que en él se hacen, y que concluyen minimizando el sufrimiento, el estrés y el dolor que padece el toro durante la lidia, y transformándolo en un animal adaptado para tal fin. 

El estrés es la «situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos, que, por exigir de ellos un rendimiento superior al normal, los pone en riesgo de enfermar», es decir, una verdadera amenaza para la homeostasis, que es la tendencia de los organismos para mantener la estabilidad de componentes fisiológicos vitales como el pH, la temperatura corporal, los electrolitos, o la tensión de oxígeno, por lo que mantener en equilibrio sus valores en un rango estrecho es esencial para la supervivencia del individuo. 

Como se puede comprobar tras el estudio de las analíticas, el organismo del toro durante la lidia no puede conseguir dicho equilibrio lo que demuestra su inadaptación a la misma. 

Se nos dice que el tálamo del toro es más grande que el del resto de los bóvidos (aproximadamente un 20%), y que por ello estos animales son capaces de responder al dolor con más rapidez. Evidentemente no puedo negar esta afirmación, la de su tamaño, pero si les puedo decir que el tálamo no es el encargado de responder ante el dolor. Esta estructura neuronal situada en el centro del cerebro es la que procesa las sensaciones, propaga los impulsos y quizás los integra, pero es la corteza cerebral la que decide la respuesta que se debe producir. 

Se afirma también que el toro carece de neuronas memoria, lo que haría que careciera de recuerdos en lo que respecta al dolor. La percepción del dolor requiere un reconocimiento cortical del estímulo como no placentero. Además, el dolor es una experiencia subjetiva sensorial y emocional que requiere la existencia de conciencia.  

El aprendizaje, la memoria, y el comportamiento agresivo, dependen en gran medida de unas estructuras cerebrales que reciben el nombre de hipocampo y amígdala, y no del tálamo. 

Cualquier mamífero tiene tres memorias: memoria sensorial que opera en un tiempo inferior a un segundo, memoria a corto plazo, que no se prolonga más allá de 15 a 20 segundos, y memoria a largo plazo. Las tres interactúan conjuntamente y se envían información, y tienen una función definida. La primera de ellas está fuera del control de la consciencia, y actúa de manera automática y espontánea en todos los mamíferos. 

En un estudio que lleva por título: «Comportamiento del toro de lidia frente al caballo y la muleta», se puede leer: «la tienta con muleta en el toro de lidia es inviable dada la capacidad de aprendizaje de estos animales». 

Entiendo que el aprendizaje lleva aparejado el recuerdo, que se le niega al toro de lidia, y creo evidente que el toro de lidia, a lo largo de su vida, ha tenido contacto con sensaciones que le han provocado dolor, y que por tanto debe tener conciencia y memoria sobre él. 

En este mismo estudio se nos dice que el toro se adapta perfectamente a la lidia, ya que el cortisol, hormona medidora del estrés determinada en toros muertos en el ruedo, presenta valores menores que el medido después del transporte, y que el de los toros que fueron devueltos a los corrales por no ser aptos para la misma, lo que hace suponer que el viaje y la salida al ruedo les estresan más que la lidia en sí. 

En dos tesis doctorales, presentadas en la facultad de veterinaria de Madrid (2002, y 2006), y dirigidas por el mismo veterinario que ha hecho estas afirmaciones, se dice todo lo contrario: «los toros lidiados y dados muerte en el ruedo, presentaban niveles hormonales de cortisol más altos que los tomados como control, que son los devueltos por no ser aptos para la lidia, y se concluía que la lidia suponía un importante estrés para el toro, ante el que intenta adaptarse». 

Los estudios a los que he hecho referencia sobre las análiticas en toros lidiados, y algunos otros, demuestran que el cortisol está por encima de los valores considerados como normales, y que el toro sufre un gran estrés al ser lidiado. Ante la duda que puede se puede plantear al respecto, les diré que: 

«Cuando existen lesiones en las vías de transmisión del sistema nervioso, indispensable para que se produzca una respuesta endocrina ante estímulos estresantes mediada por el sistema nervioso, dicha respuesta se puede ver amortiguada o evitada por lesiones neuronales o de la médula espinal». 

Descubrimientos muy recientes indican que las betaendorfinas podrían inhibir las descargas de los precursores hormonales que darían lugar a las descargas de cortisol. Dado que al parecer el toro durante la lidia, descarga estas sustancias en gran cantidad, podría ser ésta otra de las razones por lo que el cortisol medido no sea el esperado. 

El agotamiento del toro ante la lidia (tercera fase del Síndrome de Adaptación de Selye), debe ser tenido en cuenta en las determinaciones hormonales por lo que respecta al cortisol, y deberían valorarse los numerosos daños físicos y alteraciones metabólicas que sufre el animal, y que demuestran su inadaptación. 

Los análisis sanguíneos en toros lidiados indican altos niveles de potasio y bajos niveles de sodio y de cloruros, compatibles con el posible agotamiento de la glándula suprarrenal encargada de descargar el cortisol, y la aldosterona. 

Y para terminar mi comparecencia haré alusión a otra afirmación que se extrae como consecuencia del estudio mencionado. En él se dice que, gracias a la gran descarga de opiáceos endógenos -betaendorfinas, y metencefalinas-, el dolor y el placer se equiparan. 

Las endorfinas no tienen poderes mágicos. Todas las endorfinas descubiertas hasta hoy, son descargadas cuando hay estrés y dolor, y no se me escapa que tienen propiedades analgésicas, pero en ninguna publicación científica podrán leer que neutralizan el dolor hasta equipararlo al placer. Si así fuera: ¿Qué sentido tendrían los estudios sobre el dolor y cómo neutralizarlo? 

El estudio de los opiáceos endógenos, y de sus receptores es todavía hoy un gran misterio para la ciencia médica, y sabiendo que se descargan en ingentes cantidades ante situaciones de estrés, de dolor, de sufrimiento, de sobreesfuerzo, de hemorragias, de desequilibrio orgánico, de insuficiencia cardiorespiratoria, y de alteraciones de la tensión arterial, como las que se producen durante la lidia, y que les he explicado, es lógico que el toro, durante la agonía a la que es sometido, no tenga más remedio que producirlas. Los estudios que demuestran lo que afirmo son numerosos, y en el dossier que se les ha entregado tienen algunos ejemplos. En muchos de ellos, se afirma que a mayor índice de endorfinas, mayor es el dolor que se siente y el estrés que se padece (Bacigalupo), e incluso en algunos estudios de medicina humana, y veterinaria, sirven para cuantificarlos. Se ha llegado a afirmar que las endorfinas descargadas en estados de estrés no tiene poder analgésico (Harbach 2007), y varios autores aseguran que las encefalinas representan el sistema modulatorio de mayor relevancia en el intento de adaptación de un organismo al estrés crónico. 

Si el toro de lidia tiene esta sobrenatural adaptación para soportar el dolor, el maltrato y el sufrimiento, creo que ésta hipótesis es merecedora de un importante espacio en una publicación de carácter científico, cosa que hasta ahora no ha sucedido. 

«El bienestar animal a de abordarse bajo bases científicas verdaderas. La percepción errónea de los animales como seres que no sienten y que por tanto son incapaces de sufrir, hace que se desarrollen actitudes negativas hacia ellos, que se reflejan en conductas de neglicencia, crueldad o trato irrespetuoso». 

Observen como sale el toro a la plaza, y como termina su vida, y si todavía alguien puede pensar que este animal ha sido capaz de sentir placer en algún momento de la lidia, pongo mi título de licenciado en veterinaria a disposición de los órganos colegiados que regulan mi profesión. 

Terminaré citando a Sófocles que decía: «una mentira nunca vive hasta hacerse vieja». Muchas gracias señora presidenta y señoras, y señores diputados.

Hoy la cuna de la democracia, ese país que nos dio los ideales de igualdad, fraternidad y libertad ha prohibido las corridas de toros, pronto la moda se extenderá a los países con esa nefasta tradición, la gran mayoría hispanoparlantes, en lo personal, como manizaleño no me siento identificado con una fiesta importada, una tradición que no es nuestra y que perpetua el vasallaje que aún le debemos a la madre patria España y olé. No cesaré mi lucha antitaurina hasta ver mi cultura, la de mi raza, libre de simbolismos que no significan absolutamente nada para lo que realmente debe ser lo nuestro. 

Julián Varela