¿Discriminación sexual en el idioma español?

POR JOSÉ MIGUEL ALZATE

Un editorial de hace algún tiempo del periódico El Tiempo motiva estas reflexiones sobre la correcta utilización del lenguaje. Sobre todo porque en Colombia está haciendo carrera el uso de términos que en busca de la inclusión de género están conduciendo a un manejo inadecuado del idioma. El editorial en mención indicaba que en aras de lograr la utilización del lenguaje con perspectiva de género se está cayendo en la chabacanería con el uso constante de términos que especifican el masculino o femenino en los sustantivos comunes.  Para sustentar su afirmación, el editorialista cita el estudio “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, del gramático Ignacio del Bosque, miembro de la Real Academia de la Lengua Española.

Con el propósito de visibilizar más a la mujer, con insistencia se recurre a artificios en la utilización del femenino para compensar la supuesta discriminación sexual en que cae el idioma español cuando se menciona el género. Se pretende así “forzar cambios en la estructura de la lengua que deforman su modo de ser”. Por ejemplo cuando se escribe colombianos y colombianas, o cuando se recurre al todos y todas. Buscando un lenguaje inclusivo, se cae en el vicio que ya prácticamente se volvió norma en nuestra vecina República de Venezuela. Allí la misma Constitución Bolivariana cae en un adefesio cuando explica que todos los cargos públicos pueden ser desempeñados por venezolanos y venezolanas de nacimiento.

Ese exabrupto en el manejo de la lengua española lo encontró el gramático Ignacio del Bosque cuando al revisar la constitución de ese país se topó con  este esperpento: “Solo los venezolanos y venezolanas por nacimiento podrán ser Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral”. Omitir el género no significa que haya exclusión hacia la mujer. Lo mismo ocurre con el adjetivo denominativo. Con sólo escribir venezolano se entiende que incluye también al género femenino.

No se discrimina a la mujer cuando se dice, por ejemplo, “se debe respetar a los funcionarios judiciales”. Se sabe, por lógica, que estos funcionarios son personas de ambos sexos que prestan un servicio a la rama judicial. Es correcto escribir funcionaria judicial cuando se refiere a una mujer que ejerce el cargo de juez. Pero es incorrecto referirse como “funcionarios y funcionarias” cuando se hace referencia al conjunto de servidores del Estado. El uso de palabras que abarcan los dos géneros le proporciona al texto escrito un sonido extraño, que le hace perder estética a la oración. Ignacio del Bosque dice que escribir así es contribuir a destrozar las normas del idioma español.

En América Latina ha hecho carrera la expresión presidenta. Los argentinos, para referirse al cargo de Cristina Fernández de Kirchner, la llamaban así. Pero el idioma español no permite este vocablo, como tampoco permite el de concejala, que muchos periodistas utilizan para referirse a una mujer que ocupa una curul en un concejo. En el primer caso, cuando se necesita nombrar a la persona que ejerce el poder se le agrega al final ‘ente’, que es el participio activo del verbo ser. Así las cosas, a la persona que preside se le dice presidente, independiente de si es hombre o mujer. En el segundo caso, el diccionario de la Real Academia dice que concejala es la mujer del concejal. Y pone como ejemplo de expresión correcta esta frase: “Luisa, la concejal”.

Este artículo es un llamado a la sensatez idiomática. La mujer sufre discriminaciones, es cierto. Pero estas no hay que buscarlas en el manejo del idioma. Utilizar un lenguaje postizo sólo para que ellas crean que se les tiene en cuenta es romper con la pureza que debe caracterizar esta lengua. Si fuera no más por inclusión de género se debería escribir cantanta en vez de cantante, comercianta en vez de comerciante, adolescenta en vez de adolescente, estudianta en vez de estudiante, pacienta en vez de paciente. Pero las reglas gramaticales no permiten este uso del participio activo del verbo ser, que siempre será “ente”.  Los lingüistas nunca permitirán que se maltrate así el idioma español.

Tomado de: Eje21 por solicitud del autor 18/02/2021 9:13am