Jaime Ochoa o 30.000 libros en búsqueda de un lector

Es Jaime Ochoa en primera instancia un hombre afable y pereirano hasta los tuétanos. Con la suma de estas dos carteristas ya es Jaime un excelente prospecto a amigo. Y en segunda instancia es Jaime Ochoa un lector, que, al igual que una crisálida, evolucionó de lector a coleccionista que logró reunir 30.000 ejemplares constituyendo la colección más grande de libros de la región que reposa en manos privadas. La portentosa biblioteca de Jaime Ochoa tiene como eje temático los autores regionales de los departamentos de Risaralda, Quindío y Caldas, primordialmente, y esto de todas las épocas y todos los géneros.

Siempre me ha llamado la atención que ese tesoro solo cuenta con admiradores en el sector cultural, y sufre un inexplicable desdeño de parte de los administradores de lo público. Es de lógica que esta biblioteca debería ser “pública” o sea de consulta abierta y por ende ubicada en un lugar digno y no guardada en cajas como acontece en la actualidad. No me cabe en la cabeza que no se ubique en Pereira una entidad que adquiera esta magnífica colección y la aproveche debidamente, fuera que no es justo que un particular, un profesor jubilado, tenga que sufragar los gastos de la logística de esta colección.

Las bibliotecas son el reflejo intelectual de su dueño, en ellas se puede rastrear el crecimiento intelectual y los intereses de quien la armó. Para mí las bibliotecas son como la huella dactilar de su propietario a pesar de componerse de libros que finalmente todos poseemos, más la anécdota de la adquisición de cada libro; su fecha y finalmente su lectura y asimilación componen un cuadro único. El caso de la biblioteca de Jaime Ochoa es aún más importante, porque su tamaño la vuelven representativa y logra captar no solo la huella de su dueño, sino la impronta de toda una región. En esa colección de Jaime Ochoa está el retrato intelectual de esta zona del país. Un retrato único, digno de ser conservado y traspasado como un legado importante a la siguiente generación. Dejar desintegrar esa clara imagen del poder intelectual de la región es un adefesio que no tendría perdón, la desintegración de esta biblioteca se convertiría en un daño sin igual.

Para los neófitos en temas de biblioteca les debe llamar la atención cómo surge una colección de este tamaño que colocado libro sobre libro darían una magnifica torre de babel o tal vez una montaña mágica. Los libros tienen vida propia y ejercen sobre sus admiradores un encanto. Jaime Ochoa se pasa horas en librerías, especialmente en las de segunda, buscando, o mejor cazando, libros especiales. Como él sabe de los autores antiguos y de la historia cultural de la región él sabe darle valor y por ende importancia. Es Jaime Ochoa un cazador y recolector de libros que recorre un territorio en búsqueda de la oportunidad de encontrar un libro para el desconocido y poder incorporarlo en su sala de tesoros. Lo he oído y visto emocionado hablar de sus hallazgos, de libros que conocía por referencia, pero por algún giro del destino, logró conseguir en físico. Le brillan los ojos, no sé si de niño o de explorador avezado, mostrando el libro en mención. Los que sabemos por su importante labor le hemos regalado libros especiales porque sabemos que no solo alegramos a un buen amigo con un regalo de esa índole, sino que en las manos de Jaime este libro logra un espacio significativo y cada libro que engrosa esa colección hace más importante los 30.000 que ya tiene en casa.

Posee Pereira en la biblioteca de Jaime Ochoa un patrimonio inigualable que ninguna ciudad de la región puede ostentar. Seguramente como no se ha hecho el trámite administrativo de declararla patrimonio, los políticos no creen tener un compromiso con ella. Claro, el que no sabe de libros, pues 30.000 libros solamente lo van a asustar. Sería una lástima que algún comerciante de libros de Bogotá le pague lo que Ochoa pide por los libros y se lleve esa mina para otro lado y venda a conocedores las joyas que hay en esa inmensa colección. Y conozco varios traficantes interesados en hacer ese negocio. La persona que crea que lo digital hace obsoleta esta colección es simplemente un analfabeto ignorante y enemigo del saber y la cultura.

No cabe duda que la mejor biblioteca de historia la tiene Jaime Ochoa, historia regional que incluye todos los importantes libros sobre la Colonización Antioqueña, así como toda la historia del Quindío y la de Caldas. En literatura regional igualmente sobresale esta biblioteca y creo que está mejor surtida en literatos del Viejo Caldas que la misma Biblioteca Nacional o la Biblioteca Luis Ángel Arango. ¿No hay en Pereira gente culta y de probado civismo y le hacen el favor a la ciudad y adquieren esa biblioteca y le reconocen a Jaime la labor hecha por décadas de salvaguardar lo tangible y lo intangible de la cultura pereirana?

Pedro Felipe Hoyos Körbel